lunes, 27 de agosto de 2007

Todos queremos más

Recientemente hemos visto como el columnista del Financial Times David Gardner se destapaba con un artículo según el cual España necesitaría una “derecha moderna” y debería “exorcizar los demonios de la guerra civil”.

Durísimas con el PP, las tesis de Gardner sobre los grandes rubicones de la política española en esta legislatura coinciden casi íntegramente con las del PSOE. El periodista británico venía a reclamar así una especie de cambio radical en el principal partido de la oposición.

Desde las páginas del diario El País, mientras tanto, Luis Aizpeolea nos profetiza que el PSOE quiere “centrar su imagen ante el electorado y disputar al PP el voto moderado”.

No son los únicos que quieren cambiar las cosas de la política, Gardner y el Gobierno del PSOE, me refiero. También Iñaki Azkuna, el peneuvista alcalde de Bilbao, se ha servido de su tribuna mediática para informar a sus conciudadanos de que él quiere un PNV “lejos del integrismo”.

"Voy a apostar por un partido moderno, sin exclusiones, por un partido que acepte la pluralidad, que acepte que el mundo va hacia donde va y por un partido pactista. No quiero un partido esencialista que hable de lo fantásticos que somos con 40 apellidos vascos y el Rh negativo […]”, leemos sus declaraciones mientras, inconscientes, asentimos con la cabeza en inequívoco síntoma de aprobación. Pero todo tiene un límite. Azkuna concluye: “[…] aunque yo tengo ambos”.

Azkuna tiene los apellidos y el Rh correctos, respiramos aliviados; como si ahora supiésemos que sí podemos dar crédito a sus palabras. ¡Ay señor, qué terrorífico modo de desacreditar todo lo anterior!

Parece que a nadie –ni desde dentro ni desde fuera- gustan las opciones políticas que hay actualmente sobre la mesa. En nuestra mano está el cambiarlas. Apenas quedan seis meses hasta la muy trascendente próxima cita electoral.

Jacobo Elosua

domingo, 26 de agosto de 2007

Dos lecciones (terribles y tardías) debidas a Mosén Xirinacs

Don Luis María Xirinacs ha muerto. Que en paz descanse y que tanta paz encuentre como la que deja. Fue un personaje atrabiliario y, aparentemente, sumido en la confusión y el caos mental que le llevó del antifranquismo celebrado por todos a creerse con la misión divina de liberar a Cataluña (y los “Países Catalanes”) de la “esclavitud” (sic), sin explicar seriamente cual era, pero , en sus delirios, viéndola hasta esclava de…¡Italia!. Desgraciadamente, sus mecanismos mentales extravagantes dejaron de ser anécdotas graciosas cuando se convirtió en apologeta y promotor de la mafia asesina que es ETA. Pero aún así, no deja de ser un personaje estrambotico de menor importancia que sólo puede ser algo desazonante en la medida en que se quiera hacerle caso, lo que es improbable entre la gente sensata.

Pero su muerte sí ha desenmascarado situaciones de mucha mayor gravedad. Desoladoras para quién sigue, desde el sentido común, la deriva de nuestra sociedad . Una sociedad que tendría que verse compuesta de ciudadanos libres por informados. Pues, como primera lección, sépase que el Estado ha asistido oficialmente a los funerales de un amigo declarado de ETA y condenado en firme por ello. Digo bien el Estado, y me obligo a recordar lo que tantas veces se olvida: en nuestra Constitución las Autonomías son parte integrante del Estado Español y sus cargos elegidos, cargos del Estado. Por lo tanto la asistencia del Presidente en funciones de la Generalidad no es “una ocurrencia más del aragonés bigotudo de Carod”, supone la representación oficial del Estado español en las exequias de un vocero de los terroristas. Así de crudo, así de bestia. Pero no se crean que esa es la lección. Hace mucho tiempo que es conocida la actitud sectaria y destructiva del paralamentario Carod y sus perpiñanesas y amistosas reuniones con ETA, por lo tanto, nada nuevo. La gran lección que desenmascara la pérdida de todo referente sensato en la actual sociedad española es que ningún otro cargo del Estado, ya sea cargo del gobierno central o cargo amontillado, ha tomado cartas en el asunto, arrostrando sin mayor rubor que uno de sus “colegas” haya honrado a un convicto amigo declarado de asesinos con un homenaje por parte de un representante del Estado español. No se me ocurre país de la UE dónde esto pueda suceder.

La segunda lección da escalofríos a posteriori. Resulta que el ex-honorable Pujol . que tantos decenios ha condicionado la vida política española, se ha mostrado conmocionado y desolado por la muerte de quien él considera “un profeta bíblico que tiene las visiones del futuro y marca las sendas”. Este “profeta”, Xirinacs, para que lo entienda bien el emotivo Pujol, dijo que ETA era buena “porqué utilizaba discriminadamente los explosivos, avisando previamente para que no dañaran,¡con lo que cuesta tener explosivos!”. ¡Y eso lo dijo en la ciudad dónde ETA puso una bomba en un supermercado provocando una masacre! ¿Dónde estaría el ex -honorable Pujol? Comprando en el Hipercor no, desde luego. A mí me da pánico pensar que Cataluña (y El resto de España) han visto su política manejada por semejante personaje , por otra parte cubierto de loores y alabanzas por su talla de hombre de Estado. Es demasiado tarde, pero si el antiguo Presidente de la Generalidad ve al fenecido Xirinacs como profeta premonitor, a mí se me antoja que Pujol puede haber sido para Cataluña un jinete del Apocalipsis, o, por no darle mayor importancia, un “chinete de la poca leche”, cómo decíamos en el colegio.

“P.S.”: Me llegan noticias de que D. José luis Carod Rovira ha planteado que el finado Xirinacs era más demócrata que CIUDADANOS-Partido de la CIUDADANÍA, lo que habría soliviantado a alguno de sus miembros. Hacen mal. Hay que tener en cuenta que cuando Carod habla de democracia, imponiendo la tiranía sectaria y etnicista, es como cuando el frutero de Ud.. habla de metempsicosis o su taxista favorito departe sobre desdoxirribonucleasas: no tienen ni idea de lo que están hablando.

Enrique Calvet

lunes, 20 de agosto de 2007

¡Viva la liberalización!

Napoleónica vuelta de vacaciones. La elección de tema para comentario es tan rica, y a la vez tan triste, como la del Emperador galo cuando el Zar le ofreció Elba, Córcega o Corfú como posibles destinos para su peculiar primer destierro.

Por su especialmente distorsionada visión de la realidad, me quedo quizás con el editorial de ayer del diario El País. En él podíamos leer un simpático e internacional alegato liberalizador del editorialista del periódico de habla hispana más influyente del mundo; el mismo medio que ha explotado sin ningún rubor la demagogia proteccionista-antiimperialista cuando ha hecho menester.

Uno se encontraba la primera perla al constatar el gran abismo que, a ojos del Grupo Prisa, existiría entre este grupo y el Grupo Planeta. Comentando las ultimas adquisiciones internacionales de ambos conglomerados mediáticos -El Tiempo de Bogotá a cargo de Planeta, y la primera cadena de radio chilena por parte de PRISA-, nos instruíamos sobre las “ostensibles diferencias entre ambos hechos (Planeta edita el diario de la derecha radical española, La Razón, y controla Antena 3, mientras PRISA posee EL PAÍS y la SER).”

El que Planeta edite también el diario Avui –dos gotas al fin y al cabo dentro de la totalidad del grupo- no merecía, a ojos del editorialista, ningún comentario en aras de lograr una mayor ecuanimidad descriptiva. Es como cuando a uno le cae un libro de Pío Moa entre manos. En el mundo del polémico historiador la radicalidad habita solamente la margen izquierda del río ideológico.

A la mezcla se le añadía más adelante un poquito de ubicuo antiaznarismo; una ubicuidad, por cierto, que ya querría para sí el propio Mefistófeles. Esta vez tomaba la forma de insinuaciones conspirativas a escala mundial “coherente con su política de intervencionismo contra los medios de comunicación independientes [sic] durante su etapa en el Gobierno”.

Una bofetadita al despistado de ZP, quien “continúa evidenciando cierta falta de criterio en esta materia [los entresijos del sector y las consecuencias políticas de cómo se distribuya el poder en el mismo]”, quizá -quien sabe- por sus pinitos extramatrimoniales con el núcleo duro accionarial de La Sexta, y listo para tomar.

Produce un inevitable escozor por todo el cuerpo leer al mayor grupo de cualquier ámbito económico arguyendo, con apariencia de neutralidad, que las empresas iberoamericanas “deberían moverse en el mercado global del español de forma absolutamente liberalizada, lo que permitiría aumentar su competencia y eficacia.” O sea, nada que ver con lograr mayores beneficios empresariales. Si lo dicen los titulares, entre otros, de un longevo monopolio virtual sobre la televisión de pago en España… Habrá que hacerles caso, ¿no?

Jacobo Elosua

domingo, 19 de agosto de 2007

Desfachatez y alguna responsabilidad

Habría que exigir un mínimo respeto a nuestra inteligencia por parte de nuestros políticos. Su desfachatez en la soflama y la tomadura de pelo empieza a ser faltona.

Cualquier persona racional y equilibrada barrunta, con acierto, que la catastrófica situación de las infraestructuras en la Cataluña ibérica se debe a múltiples factores y tiene un conjunto diverso de responsables. De eso reflexionaremos. Pero que una de las aseveraciones de los debates parlamentarios es que, en Agosto de 2007, toda la culpa es de….!Aznar! es para enviar a una clínica a quien lo sostuvo. Psiquiátrica, por supuesto.

Pero aún hay algo mejor. Grandes voces autonomistas y nacionalistas clamaron que la culpa era del Estado Central, y sobre todo, que el gobierno regional no tenía culpa de nada, nunca. Las mismas voces que se habían felicitado porqué en la Cataluña hispana, el Estado había devenido en “residual”. ¿En qué quedamos? O, mejor dicho, ¿Por qué no van a tomarle el pelo a su venerable tía, por ejemplo, y nos dejan de milongas?

Es evidente, hasta para un intelecto muy mediocre, que una buena parte de responsabilidad, no toda, de la hecatombe, recae en un gobierno central y unos gobiernos regionales en Cataluña concentrando sus esfuerzos en inventarse naciones y no en gestionar para los ciudadanos.

Escrito lo cual, me gustaría plantear que, en alguna medida y hablando ya del déficit de infraestructuras de toda España (que les hablen de apagones a los ceutíes, de carreteras a los vasco-españoles, de agua a los murcianos, de trenes a los castellano –manchegos, etc…) a lo mejor tenemos todos un poco de culpa.

Lo cierto es que hemos votado, y parece que seguimos votando a partidos entusiastas de la reducción de impuestos. Puede que sea un acierto, pero conviene saber lo que hacemos, y su coste. Con una rebaja del IRPF probablemente podamos ir cinco veces más al fútbol, cambiar por un televisor de plasma. Tal vez una semanita baratita en Canarias. Poco más. ¿Y eso es a costa de nada? Es a costa de mucho. Porqué todos esos pocos, que no cambian sustancialmente nuestra calidad de vida, una vez agregados, por la ley de los grandes números y por lo que los economistas llaman “economías de escala”, pueden servir para mejorar nuestra calidad de vida. ¿Cómo? Mejorando la Educación, la Justicia, la Seguridad en nuestras ciudades o…invirtiendo en infraestructuras, a base de dedicarle más dinero. El que nos gastábamos en cinco entradas más de fútbol.

Y tampoco el resultado es neutro desde el punta de vista social. Si las prestaciones públicas son deficientes o pobres, siempre habrá quién envíe sus hijos a colegios privados o extranjeros, quién se pueda pagar grandes abogados y ganarse voluntades…, quién se permita seguridad privada, quién no tenga que utilizar cercanías, quién capee el temporal aeroportuario en la sala VIP…. ¿Y los demás? Que les den….una rebajita del IRPF.

Creo que en las próximas elecciones tendremos que haber aprendido de la maniobra populista de atraernos , como a las alondras con un espejo, con una promesa de rebaja de impuestos. Nos convendrá más escuchar los compromisos de gasto e inversión pública. Nos convendrá acordarnos de las infraestructuras de nuestra Cataluña.
Enrique Calvet

viernes, 17 de agosto de 2007

UPN: más nacionalismo

Miguel Sanz, ya investido con pompa y boato gracias a la abstención socialista, quiere volar solo, sin las alas de la gaviota popular, y para ello reclama un grupo propio en el Congreso para que se oiga (sic) “la voz de Navarra”. En realidad siempre voló solo; su partido, un remedo de la versión conservadora o tradicionalista que todo nacionalismo tiene (junto a la izquierdista, igualmente reaccionaria) siempre ha sido, según dicta el infinitivo periodístico, la “marca” del PP en la Comunidad Foral.

Las siglas del pequeño partido, probablemente las más identitarias de España junto a las del PNV, han servido a los populares para parapetarse detrás de una supuesta legitimidad regionalista o foralista, eufemismos ambos que ocultan su verdadera naturaleza: simplemente nacionalista. Todo, una vez más, por evitar el debate de principios –racionales, ilustrados y modernos- que debería asumir un gran partido y que exigen la valentía de cuestionar los privilegios de las comunidades navarra y vasca. Privilegios asumidos desde el tradicional complejo de los no nacionalistas, con la sangre vertida por el terrorismo nacionalista vasco como inquietante y vergonzoso telón de fondo.

El vuelo libre de Sanz incluye el paso por la vicaría con la CDN de Juan Cruz Alli, tras el largo periodo de noviazgo y convivencia en común. El mismo Alli que ponía innumerables reparos a la presencia de Mariano Rajoy en Pamplona para defender el estatus quo de Navarra, la permanente letra pequeña del delirio euskaldún, versión terrorista incluida.

Ahora quieren grupo propio y empiezo a entenderlo y a anhelarlo. Al fin el PP podrá asumir en su seno, sin complejos, la visión nacionalista que le es propia en cada vez más lugares de España
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Julio Veiga

martes, 14 de agosto de 2007

El peor presidente de la historia

…de los Estados Unidos, en este caso. A poco más de quince meses de la elección presidencial en ese país, hay acuerdo unánime entre expertos, periodistas y encuestas en que Bush encamina a su partido republicano a una derrota gloriosa y que será un candidato demócrata, el próximo presidente del país.

Recientes encuestas otorgan a Bush un respaldo ciudadano de un treinta por ciento, igualando en este “ranking” de impopularidad de recientes presidentes, a un totalmente desacreditado Carter, en vísperas de su estrepitosa derrota ante Reagan. Para muchos, Bush es ya el peor presidente de la historia de Estados Unidos, título que hay que reconocer es muy difícil de lograr.

No es extraño, pues su historial en la presidencia es desastroso y hasta se ha enajenado a muchos de sus más fervientes seguidores, desde “neocons” hasta amplias capas entre los conservadores, tanto “sociales” como “fiscales”, y evangélicos. La victoria demócrata , si se confirma (nunca hay que descartar que los demócratas vuelvan a cometer errores decisivos, aunque esta vez parece poco probable), será no tanto una victoria por méritos propios como una derrota republicana, esta vez sí por méritos propios.

Sin duda que el error principal de la actual presidencia es la invasión de Irak, con pretextos hoy claramente admitidos por (casi) todos como burdas mentiras. Pero no es éste el aspecto que más preocupa al país sino la certeza de que no se sabe cómo salir del pantano (esto alcanza también al partido demócrata). La guerra es un mal que corroe día a día a la opinión pública y se da ya por perdida. Están ya arrumbados aquellos pretextos, posteriores a la invasión, de buscar una nueva región en paz y democracia, algo que hoy resulta grotesco cuando se acaba de aprobar la mayor venta de armas norteamericanas de los últimos años, al siempre fiel aliado Israel y a las “democracias” de la región, desde Arabia Saudí a Egipto. Todo ello agitando el espantajo del enemigo que siempre es necesario, esta vez no tanto Siria como algo más serio como es un Irán, camino del arma atómica que ya tienen vecinos como Israel, India y Pakistán. Está claro que esta catástrofe de Irak va quedar para el próximo presidente. Al fin y al cabo, el partido demócrata es también responsable, aunque en mucho menos grado, de esa catástrofe, especialmente algunos como la candidata Clinton.

El partido republicano ha sido siempre considerado como el “padre” de los ciudadanos, siempre vigilante en temas de seguridad interior y exterior y duro ante el terrorismo y el crimen. El demócrata, como la “madre”, más atento a temas “sociales”. Esa percepción, que llevó a la segunda victoria electoral de Bush (más como comandante en jefe que como presidente), hoy ha cambiado. Los demócratas no quieren volver a ser acusados de ser “soft on terror” (blandos ante el terrorismo) y de ahí, por ejemplo, la decisión reciente de aprobar una nueva ley en materia de escuchas que supone un claro recorte más en las libertades y la confirmación de que, en ese país como en otros como el Reino Unido, la seguridad se va imponiendo claramente a la libertad. El legado de Bush, que abarca, entre muchas otras ignominias, desde este tema hasta tantos otros como la muerte y los sufrimientos a la población iraquí pasando por Abu Ghraib, Guantánamo, las prisiones ocultas, los secuestros y las entregas a países que torturan, configura una herencia de quiebra moral y ética de enormes consecuencias en todo el mundo. Efectivamente, como se afirmó, el mundo es diferente después de los ataques del 11-S.

domingo, 12 de agosto de 2007

Idiomas nuestros, fronteras suyas

La tarea más urgente, tal vez, que les espera a los ilustrados y progresistas españoles del inicial siglo XXI sea rebatir una serie de lugares comunes absolutamente falsos (interesadamente falsos) que se han inoculado en la mente de los votantes con toda la mala intención disgregadora. Si la democracia consiste en elegir libremente, pero nunca desde la ignorancia ni el desconocimiento, uno se da cuenta de que la tarea además de urgente es crucial, y agradece la dedicación de los maestros como Savater, Azúa, Delgado-Gal, etc.. y por sólo citar tres.

En este escritillo, la benevolencia de Uds. permitirá que me centre en una de esas armas arrojadizas verbales y arteras que sólo crean división y rencor. Así, se ha establecido que los únicos defensores de las lenguas vernáculas que existen en España, fuera del castellano, son los partidos nacionalistas y los “verdaderos” indígenas (catalanes, gallegos, vascos) que son los que votan nacionalista. Ese es su deber (en exclusiva) y, ¡faltaría más!, es una defensa que tienen que ejercer “contra” los agresores que , se habrán dado cuenta Uds., somos el resto de los españoles que no votamos “identitario”.

Pues empecemos diciendo que el que esto redacta, como una multitud de españoles, considera un bien cultural inapreciable que en España haya tres idiomas regionales. No son muchos. En Francia y en Alemania, por ejemplo, hay algunos más, pero es estupendo tener por lo menos tres. Además, la extinción de una lengua viva es como si se cayera la catedral de León, una pérdida irreparable.

Por eso mismo, el máximo deber de proteger , preservar y difundir al catalán, gallego y vascuence recae ni más ni menos que en el Gobierno de España. (y para el catalán y vascuence, también en el francés). Y con mis impuestos, por supuesto, porque lo que le sucede a los mayores bienes culturales de España, estén dónde estén, me compete, me interpela y me afecta. Esa es la verdad que se ha de enseñar (por ejemplo en Educación para la Ciudadanía). También pueden y deben intervenir, por supuesto, otras Instituciones, como los gobiernos regionales o la UNESCO, por ejemplo. Pero nunca “contra” un inexistente enemigo, el Estado o el Gobierno, inventado con toda la mala uva para obtener más votos para las oligarquías secesionistas. El Estado, los ciudadanos españoles, somos los aliados en la defensa de “nuestras” lenguas vernáculas. Las de todos.

¿Qué tiene que ver esto con la inmersión y el ataque para desterrar al castellano de la vida pública y de los carteles en las carreteras? Absolutamente nada. Hemos dado un triple salto mortal y hemos pasado de los bienes culturales que nos unen a la política sectaria que siembra enfrentamiento, exclusión, pobreza…Ya no se trata de subvencionar teatro y películas en catalán, de promover, con dinero estatal, por supuesto, cátedras de vascuence en todas las Universidades de España, de sufragar televisiones públicas en gallego, de editar grandes y pequeñas obras en lenguas vernáculas, de programar estudios obligatorios de las lenguas indígenas en las regiones dónde tengan raíz histórica, etc…En vez se trata de excluir al castellano, de utilizar el idioma,no para comunicarse, sino para ser la marca de fuego que separe al “nosotros que lo sabemos de tiempo” (los buenos) de “los que apenas lo chapurrean” (los malos invasores), y de ahí, leña al mono como modelo de convivencia Ciudadana. Se trata de poner multas, de coaccionar en las escuelas, de impedir la libre circulación del trabajo, de crear ciudadanos de primera y de segunda. Se trata, en fin, de poner fronteras étnicas y sembrar enfrentamiento donde hubo potencial e ilustrada riqueza cultural.

Espero, y siempre exigiré, que nuestro Gobierno de España proteja y desarrolle continuamente nuestras lenguas españolas todas, cumpliendo con una obligación insoslayable. Sería indispensable que también cumpliera con otras obligaciones como hacer cumplir las leyes (La Constitución) y la de proteger el uso del castellano como lengua de comunicación universal en toda España y en todos los servicios públicos (Educación, Justicia, Sanidad…). Como en las muy democráticas Alemania y Francia, que decíamos antes.

Enrique Calvet