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domingo, 21 de octubre de 2007

El espíritu de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía.

Se acaban de celebrar las elecciones al primer Consejo de la Federación madrileña de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía. Esta excelente noticia democrática de un Partido en expansión ha levantado, si se analizan los debates y las presentaciones, algún tema de interés y enjundia política.

Se podría decir, a juicio del que firma, que tanto las defensas de las dos listas presentadas como de las excelentes candidaturas individuales, han abordado dos conceptos principales, si reducimos los distintos y enriquecedores matices a lo esencial.

Un primer tema ha sido, indudablemente, el enfoque de las relaciones con UPyD.
La conclusión fundamental que nos parece evidente es que hay una total unanimidad en esta Federación de Madrid para considerar inexcusable e indispensable la unión de los dos partidos de cara a la elecciones de Marzo. Se puede decir que , para la inmensa mayoría de los militantes, la posibilidad de ir separados a las elecciones es tan aberrante que constituye casi un problema moral más que político. Constituiría tal fraude a la sociedad y tal traición al Proyecto de los Ciudadanos, que casi todos los presentes ven, como obligación ética, centrar y multiplicar las energías en el objetivo, casi “sagrado”, de conseguir esa unión electoral. En esa tarea y en el camino a recorrer, ningún afiliado alberga ninguna duda en la necesidad y obligación de rechazar de plano cualquier personalismo y, en cambio, de practicar una generosidad total. No se oyó ni una sola voz que no clamara por esa actitud de C’s-Partido de la Ciudadanía, de su propio partido.
Salieron a la luz matices (levemente) diferenciales. Los más parecen provenir de los métodos a seguir para conseguir la unión. Esta situación, de manera palmaria, es heredera de la actitud reservada de UPyD que, hasta ahora, no ha querido establecer contactos. Esta actitud está creando confusión y, sobre todo, nerviosismo y desazón. Un tema que se resolverá, sin duda, a partir de la primera reunión conjunta del día 25. Otros matices se centraron en cómo reaccionar ante el abismo, es decir:¿Qué hacer si no aceptan la unión? Una posibilidad tan horripilante, una auténtica tragedia, que se sentía más bien el deseo de no detenerse en ella, de ni contemplarla. Pero aún ante las tragedias hay que saber reaccionar.
Tambien se oyeron muchas voces que, reconociendo lo apretado del calendario y lo urgente del momento, exigieron llegar a una unión plena en dos etapas: primero una coalición electoral sin fisuras para proceder, inmediatamente después, al proceso de una unión mucho más fuerte, de una fusión, a sabiendas que ese proceso será inevitablemente más largo y farragoso.
Resumiendo, en el debate, se observaron, esencialmente, dos posiciones. Unos afiliados plantearon que C’s y UPyD son lo mismo, y otros que C’s debe poner todo de su parte para que los dos partidos, sean, urgentemente, lo mismo; tan nimia era la discrepancia.

Quisieramos recalcar y retener, con orgullo de compartirla, esa actitud unánime. La voluntad de hacer cuanto sea posible, casi más allá de lo razonable, (véase la aceptación de la doble militancia) por unirse a este otro partido recién nacido, por unirse a esa irrupción inesperada en el panorama político y que nadie esperaba cuando decidimos crear C’s, es muy definitoria del espíritu de los militantes de C’s. Las mujeres y hombres de C’s acudieron a la política por la consciencia de un deber social, por la necesidad de rebelarse y de contribuir a cambiar urgentemente un modelo político-social que se puede llevar por delante a nuestra democracia, por el impulso ético de no permanecer inactivos y cómplices ante un sistema partidista y unos políticos mezquinos que pueden llevar al desastre a la ciudadanía española. Lo que se ha llamado el Proyecto. Ese espíritu honrado y ético perdura y se refuerza. Así lo demuestra la actitud que hemos glosado aquí, ya que no asoma un atisbo de preocupación personalista ni de cálculo partidista en la estrategia política de C’s. Nunca se antepone un espíritu corporativo o una visión politiquera de defensa del Partido por encima del Proyecto, antes al contrario, se sacrifica lo que sea menester por alcanzar dicho Proyecto. ¡Qué diferencia con los posicionamientos tradicionales de los partidos al uso, funcionando, con su encefalograma plano, a golpe de encuestas, de entreguismos a los nacionalistas, y de defensa de sus intereses particulares! C’s es distinto, para mayor honra de sus militantes.
El segundo gran tema de los debates entre listas y candidatos también es muy revelador de las preocupaciones políticas del Partido de la Ciudadanía, pero el sufrido lector nos permitirá ( o agradecerá) que dejemos su exposición para la semana que viene.

Enrique Calvet

domingo, 7 de octubre de 2007

CIUDADANOS, LUCIDEZ Y RESPONSABILIDAD

Una marca distintiva que caracteriza al partido Ciudadanos es la tremenda y dramática lucidez de sus componentes. Un rasgo admirable, véase porqué: los españoles padecen en este momento un mal social que, históricamente, se ha mostrado muy dañino y que se puede resumir en la frívola inconsciencia. Los ciudadanos españoles están asistiendo a un deterioro acelerado de sus libertades a escala nacional, de la calidad democrática de su sistema (¡Hasta hay quien se atreve, con malintencionada manipulación a tildar de democrático el secesionista y etnicista referendum de Ibarreche!), de los valores esenciales para la convivencia en paz. Peor aún, están asistiendo al establecimiento de unas bases sociales que, para todo historiador serio, abocan a un futuro de grandes traumas si no se pone remedio urgente, y eso, aunque el presente permita unos aceptables niveles de consumismo, probablemente por no demasiado tiempo.

Ante esta situación preocupante, se suelen concentrar con fruicción exclusiva en otros dramas sociales como el último debate del programa rosa o la angustia del partido del domingo, sirva esto como ejemplo de su total inconsciencia de la realidad política. Pero si el español medio no quiere o no puede preocuparse por lo esencial de su futuro y del de sus hijos, no se le puede achacar toda la culpa. Es muy difícil salirse de ese mundo de señuelos que las fuerzas políticas en el poder (y con único fin de mantenerlo) y las fuerzas económicas (siempre en el poder) fomentan, financian, manipulan y perfeccionan. Para que el sistema funcione, es menester tener abundante carne de cañón consumista y votante que no active su espíritu crítico, que no se preocupe, que sea muy súbdito y muy poco ciudadano. Es muy complicado, casi heroico, salirse de ese mundo “confortable”.

Unos pocos, aún demasiado pocos, españoles de todas las regiones, se dieron cuenta hace tiempo de la peligrosa dinámica en la que entraba España, y, en un momento dado, decidieron canalizar sus inquietudes y crear o engrosar las filas de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía. Esa lucidez activa es digna de la más profunda admiración y nos sentimos orgullosos de acompañarles en este viaje.
Y, claro, semejante clarividencia que obliga a una serie de Ciudadanos, generalmente provinientes de mundos totalmente ajenos a la política profesional, a tomar las riendas de su futuro, acarrea, como corolario inevitable, la virtud de la responsabilidad. Si uno busca, por encima de toda aspiración secundaria, enderezar el rumbo que ha de seguir la convivencia y la prosperidad del futuro, tiene que separar siempre el grano de la paja y saber ofrecer sacrificios responsablemente.

Por eso me enorgullecen también dos ejemplos recientes de la responsabilidad de Ciudadanos. En primer lugar es magnífica la actitud del Partido, contínuamente exigida por su Consejo General, de ejercer la mano tendida permanentemente al partido hermano (en ideología) UpyD. Más allá de desprecios recibidos y puntuales ataques verbales y escritos, nuestro Partido multiplica hasta el infinito las llamadas, los intentos de conciliación, los mensajes de acercamiento total e, incluso, de cariño. Sabemos, los Ciudadanos, que lo que está en juego es un proyecto de enderezamiento de la sociedad española y es lo único que importa. Por el proyecto es inimaginable aceptar que vayamos a las elecciones desunidos, y, por lo tanto, sacrificamos todo por ir juntos. Todo, claro está, menos nuestro ideario. Inevitable ejercicio de la responsabilidad. ¡Que se sepa siempre que si, al final, no se consiguiera acudir unidos a la cita electoral, (trágico panorama que no queremos ni barruntar) jamás la culpa habrá sido de Ciudadanos! Nos pueden pedir lo que quieran, todo a lo que aspiran, menos que renunciemos a nuestros ideales. Y se lo daremos.

En segundo lugar, el Partido acaba de hacer una llamada pública a los partidos nacionales y a los constitucionalistas para que admitan la gravedad del momento político y antepogan a cualquier afán de poder, a cualquier protagonismo interesado, a cualquier aspiración mezquina y personalista, la preocupación por el futuro de los ciudadanos y lleguen a grandes acuerdos nacionales, incluso a gobiernos de coalición. No es el momento ( se cita el ejemplo de Alemania, cuya situación es mucho menos dramática que la nuestra) de practicar el usual juego político como si no pasara nada. Es el momento de anteponer lo esencial a las diferencias de matiz. Es el momento de recuperar y salvar los valores esenciales de la ciudadanía de todos los españoles, y ante las agresiones letales de los independentistas (aunque se etiqueten de nacionalistas), opóngase la unión de todos los constitucionalistas en estos temas de Estado. Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía jugará el papel que las urnas le permitan y que el sentido de Estado de los partidos mayoritarios le permita; pero, en pleno ejercicio de la responsabilidad a la que le obligan sus ideales y su proyecto, promueve el papel y la acción de los partidos mayoritarios para que abanderen la recuperación del sentido común, de los valores comunes y de la libertad de todos los españoles, frente a las agresiones secesionistas. Nuestra responsabilidad máxima no es que Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía adquiera más poder, cosa que se dará sin duda; nuestra responsabilidad es impulsar a todos, especialmente a los que ya tienen el poder, a que lo usen urgentemente para recuperar los valores, los derechos y las libertades de la ciudadanía española. Ayudaremos con los sacrificios que hagan falta, como siempre.

Enrique Calvet

domingo, 9 de septiembre de 2007

QUE NO NOS LA DEN CON QUESO

Una de las tareas más importantes, y complicada, que debe afrontar con ilusión C’s en su campaña electoral y siempre, es el de explicar bien lo que acontece en política, más allá de las apariencias, y desenmascarar las engañifas y mentiras propaladas por politicastros y su corte mediática.
Así, por ejemplo, se quiere interesadamente difundir la idea de que preocuparse por los problemas diarios de la población ( hipotecas, seguridad ciudadana, sequía, educación, etc…) o centrarse en la cuestión de la configuración territorial y de la nocividad de los independentismos es una disyuntiva excluyente, indicando subliminalmente que a “la gente” sólo le interesa el primer tema. Es, evidentemente, una falacia simplona. Los defectos en la sanidad, la educación, las hipótecas o lo que se quiera del pan nuestro de cada día, no tendrán los mejores instrumentos para mejorarse si no se da un giro a la configuración del Estado y sus competencias, previa o simultáneamente. Pero esta verdad no se impone por esloganes ni titulares facilones; necesita de una explicación y argumentación pacientes. Tanto más abnegadas cuanto más atocinado esté el receptor, por falta de tiempo para plantearse la vida de la “polis” o, ¡Ay dolor! por la efectividad del lavado de cerebro de los “mass media”.
Pues bien, hoy quisiéramos, modestamente, ayudar a desmontar dos ideas que pretenden incrustar en la mente de los votantes.
La primera tiene que ver con el gobierno y su partido, autodenominados socialistas por razones que la ciencia ignora. Según ellos, el único (gran) reproche que se le podría hacer a la tarea de gobierno, es el haber negociado con ETA. Un reproche inmisericorde que va directamente contra las entrañas del señor Rodríguez, y que, evidentemente, es facilmente soslayable. Es una perfecta cortina de humo para hacer olvidar lo esencial, de lo que no se habla. Una maniobra, artera, de propaganda electoral. En efecto, el gobierno tenía todo el derecho de intentar una salida distinta al horror del terrorismo, estaba entre sus prerrogativas, e incluso si cometió errores de táctica, pueden ser comprensibles ante la dificultad del tema. Y hablemos de otra cosa… Pero ese no ha sido, ni de lejos, el asunto más desastroso de la legislatura.
Ciudadanos no puede permitir que se olvide que lo más terible y las medidas más catastróficas, para el bien de los españoles, de esta legislatura, han sido el desguace de España alentado, propiciado y multiplicado por este gobierno del PSOE. Alianzas traidoras (de los principios de la izquierda) con independentistas (Cataluña, Galicia, Baleares…), estatutos secesionistas, medidas disgregadoras… Eso ha sido el maligno pasivo de la legislatura, que condicionará el bienestar y la prosperidad de los españoles durante lustros. ¡Que no nos tomen el pelo! Eso no se olvida.
La segunda idea que, esta vez, propala intencionadamente el principal y patético partido de la oposición, es que , fuera de Cataluña, C’s es lo mismo que el PP puesto que defiende lo mismo. Una mentira cochina que se contrarresta en dos palabras. Un partido que apoya el estatuto de Canarias, por ejemplo, o sobre todo el estatuto andaluz, un simple calco del catalán, pero con más folklore, es antitético a la visión del Estado que tiene C’s. Haciendo esto, por mero afán de poder y poltronas, el PP colabora subrepticiamente al desguace del Estado, ya puede decir misa (nunca mejor dicho). Y C’s, mientras tanto, lleva al Defensor del Pueblo dicho estatuto folklórico para que lo denuncie al Constitucional. Todo un mundo de diferencia.
Por eso, C’s debe alertar a los ciudadanos y a los Ciudadanos permanentemente. Para que no se la den con queso.
Enrique Calvet

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Rosa Díez, ¡al fin!

Publicado en LD

No por esperada, resulta menos dichosa la decisión de la eurodiputada Rosa Díez de dejar el PSOE para dar el espaldarazo definitivo al nuevo partido que ha de nacer de Plataforma Pro, una iniciativa política impulsada por Fernando Savater y Carlos Gorriarán. Aunque puede que ahora no se vea aún así, es un acontecimiento de dimensiones históricas. El centrar excesivamente la vista en lo inmediato y en los numerosos desencuentros de andar por casa impide fijarse en el lento curso de los cambios fundamentales.

La historia y sus amanuenses a veces parecen eternos. Nuestro insuficiente tiempo vital para percibir perspectivas y la persistencia del poder en su empeño por domeñar cualquier cambio nos impiden ver las constantes históricas. Y, sin embargo, estas son más cambiantes de lo que nuestra corta vida y escaso conocimiento nos dejan ver. Y si no atiendan a los últimos 300 años. Si nuestra vida biológica durase lo suficiente hubiéramos visto caer a las monarquías absolutas, la revolución francesa, el cambio de paradigma científico, la irrupción de la teoría darwinista, la expansión del colonialismo y su disolución, el auge, apogeo y derrota de Napoleón, la invención de la energía eléctrica o de la penicilina, la revolución bolchevique y su caída sesenta años después, la insufrible emergencia de los fascismos, la primera y segunda guerras mundiales, el triunfo del liberalismo y los estados democráticos de derecho, el hombre en la luna y el descubrimiento al completo del código genético, el triunfo y disolución de Unión de Centro Democrático... Sin embargo, creemos que la irresponsabilidad de PSOE y PP y los pesadísimos nacionalistas son fatalidades con las que hemos de acostumbrarnos a vivir.

No es el caso que nos ocupa. Déjenme que les recuerde: el partido que nacerá hunde sus raíces no más allá de quince años, cuando en Cataluña, y posteriormente en el País Vasco, fueron creciendo costosa y lentamente movimientos cívicos contra el nacionalismo. Sólo quince años. En tiempo histórico, es un lapso insignificante. Sin embargo, su acción ha comenzado a erosionar los cimientos de un partido centenario como el PSOE. Costó sangre, sudor y lágrimas que intelectuales de la talla de Iván Tubau, Albert Boadella, Félix de Azúa, Arcadi Espada, Francesc de Carreras u Horacio Vázquez-Rial dieran el paso de criticar la impostura del nacionalismo a combatirlo con la acción política. Ahora lo hacen desde el País Vasco intelectuales de la talla de Fernando Savater, políticos consagrados en el PSOE como Rosa Díez o profesores como Carlos Gorriarán. Ya no es la sociedad civil anónima, son intelectuales que no se han avenido a ser orgánicos y políticos que ponen en cuestión la autoridad de sus respectivas iglesias. Bienvenidos a la disidencia.

Son momentos cruciales para el "progreso" en España. Un segundo Concilio de Trento en versión nacionalista nos amenaza. O nos atrevemos a defender el espíritu ilustrado que recorre España desde la Constitución liberal de 1812 hasta la España constitucional de 1978 o acabaremos replegándonos a la concepción reaccionaria de los nacionalismos y aceptando sus chantajes territoriales con derechos históricos y mangoneos propios del caciquismo del siglo XIX. Y hablo de "progreso" frente a "reacción", en el sentido certeramente dado por Fernando Savater el pasado 4 de agosto en las páginas de El País en su artículo Regreso al progreso:

Será progreso cuanto favorezca un modelo de organización social en el que el mayor número de personas alcancen más efectivas cuotas de libertad. (...) Y es reaccionario cuanto perpetúa o reinventa privilegios sociales, descarta los procedimientos democráticos en nombre de mayor justicia o libertad de comercio, propala mitologías colectivas como si fueran verdades científicas, etcétera...

Es la Tercera España, la que es capaz de aceptar las ideas por lo que valen, no por quién las sostiene; la que pone en el individuo el objeto del derecho, no en los territorios; la que deja en la acción del librepensamiento, de la razón y del laicismo de Estado el universo donde la sociedad española dirima sus cuitas. Es la España que resalta lo que une frente a lo que separa.

No es tarea fácil reunir las mimbres para conseguir esos fines.

En cualquier proyecto, también en éste, no todas las ideas tienen cabida. En Ciudadanos se cometió precisamente ese error por un exceso de optimismo asambleario, propio de una formación adolescente: se corrió el rumor de que en ese proyecto cabían todas las ideas. Y se llegó a convertir en una virtud lo que a todas luces era una estupidez. Exagerando, ¿cómo van a tener cabida ideas estalinistas o nazis? ¿Cómo van a poder entrar en una formación democrática que nace para generar más transparencia, más racionalidad, más libertad, más librepensamiento, más progreso comportamientos sectarios, ideas profundamente reaccionarias, integrismo religioso, nacional o ideológico? Dicen que nadie nace enseñado, pero si lo que va a nacer está advertido, el riesgo se minimiza. No bastará con la trayectoria inequívocamente socialista de Rosa Díez, la maquinaria mediática de sus ex compañeros la falsificarán hasta la náusea; no bastará la inequívoca lucha cívica de Carlos Gorriarán o el librepensamiento de nuestro Bertrand Russell nacional, Fernando Savater; muchos de los futuros partidarios los tomarán por lo que no son. La mayoría de las veces, de buena fe.

En cualquier caso, el partido será de sus militantes, como no podría ser de otra manera, pero si una mayoría de ellos apuntan en la dirección contraria por la que precisamente nació, el fracaso del proyecto no será del equívoco de estos militantes, sino de la ingenuidad de quienes lo dirigieron.

Es mi pequeña aportación desde Ciudadanos a un proyecto nacional sin complejos que ha de conseguir unir las voluntades de tantos otros esfuerzos para evitar que España sea un zoco de trileros.

Hoy es un día feliz para la libertad. Bienvenida, Rosa.

Antonio Robles

Parlamentario de Ciudadanos Partido de la Ciudadanía

martes, 4 de septiembre de 2007

Por una nueva opción electoral

Publicado en Estrella Digital

La renuncia a seguir militando en el PSOE por parte de la eurodiputada Rosa Díez, figura política de indudable impacto nacional, ha suscitado muchas y variadas reacciones. No podía ser de otra manera porque, y esto es lo más importante, esa renuncia no va acompañada de su retiro de la vida pública, de la política, sino que incorpora su decisión de sumarse plenamente a la denominada Plataforma Pro que, basada en Basta Ya, tiene como objetivo la creación de un nuevo partido de ámbito nacional cuyo primer objetivo es presentarse a las elecciones del próximo mes de marzo. En esos trabajos están sus promotores desde hace escasos meses. Seguramente comprobarán en las semanas inmediatas que una cosa es predicar y otra dar trigo. Es decir, pasar de reuniones informativas o tertulias amables a estructurar una organización con estatutos, dinero, militancia comprometida y de la otra, locales y un largo etcétera es tarea muy compleja, lenta y siempre trufada de las virtudes y defectos que adornan la condición humana.

Ésta es una de las varias desventajas con respecto a los partidos ya establecidos, elemento que constituye una de las varias barreras de entrada al “mercado electoral”. Hay muchas otras que hacen que, en la realidad y más allá de las proclamas teóricas, ese “mercado” no sea de libre competencia sino oligopolístico. Así está previsto por la ley electoral vigente, que busca y consigue un bipartidismo casi perfecto penalizando además a los terceros partidos nacionales (véase el caso de Izquierda Unida) y sobreprimando (uno de los muchos pasivos de la Transición) a los nacionalistas para desgracia del resto del país, como se está viendo cada vez más dramáticamente.

Hay más barreras de entrada. Todos los “establecidos” en la política, y eso incluye desde partidos políticos hasta medios de comunicación pasando por las grupos de poder económicos, sociales y culturales, con algunas mínimas excepciones, están interesados en mantener el actual statu quo y en impedir la entrada de nuevos actores, por pequeños que éstos sean. Véanse las reacciones a la presencia de Ciudadanos Partido de la Ciudadanía y a este nuevo partido que se anuncia. Todo sea por el llamado voto útil y en tratar de dejar las cosas como están, que así están bien. Claro que falta saber lo que piensa el electorado, que, una cosa está clara, cada vez vota más con los pies, es decir, alejándose de las urnas. O tapándose la nariz. Por algo será.

La génesis de Ciudadanos arranca, desde años atrás, como reacción a la opresión en todos los órdenes del nacionalismo catalán, ayer patrimonio de los nacionalistas, después también de sus discípulos aventajados, el PSC y acompañantes menores. Hoy, este partido es nacional y sus objetivos son mucho más que el combatir ese nacionalismo, abarcando desde una reforma constitucional y de la ley electoral hasta la regeneración democrática pasando por una mejor armonización del crecimiento económico con la equidad y cohesión social, algo hoy ausente.

Si uno repasa los objetivos políticos de ese nuevo partido que se quiere crear por Basta Ya, la coincidencia programática entre ambas formaciones es casi total. Por eso, el primer objetivo de ambas formaciones debe ser, ineludiblemente y más allá de posibles personalismos, ponerse de acuerdo en cómo tratar de lograr lo máximo en un terreno de juego electoral claramente inclinado a favor de los que están ya jugando. Si es que quieren hacer algo, por poco que sea. Y además, deprisa. A pesar de esas enormes barreras de entrada, hay muchos ciudadanos que están esperando y deseando un soplo de aire puro, de racionalidad entre tanto disparate. Seguramente, muchos más de los que se piensa.

Luis de Velasco

lunes, 3 de septiembre de 2007

Distintas formas de ver/mirar

Las reacciones al anuncio de abandono del PSOE por parte de Rosa Díez han sido de lo más variopinto.

Tal y como se venía especulando, la veterana política vasca anunció la semana pasada que será una de las cabezas visibles del nuevo proyecto de partido político que girará en torno a la Plataforma Pro (Basta Ya).

Al predecible ninguneo más o menos vergonzante desde la izquierda político-mediática oficial se han sumado reacciones algo más jugosas. Así, desde las páginas de El Mundo, tras quejarse de cómo actuó el PSC en Cataluña cuando un dirigente de las Juventudes Socialistas estuvo presente (sic) en una manifestación de repudio a la presencia de algunos dirigentes del PP –fulminante expulsión-, Javier Ortiz concluía su dura columna con el siguiente párrafo:

“La conclusión es obvia: a la dirección del PSOE le da corte meterse con aquellos de los suyos que se pasan por la derecha. Lo que no tolera de ningún modo es que se pasen por la izquierda.”

Ortiz da muestras, una vez más, de tener una concepción de lo que es la izquierda que creo no comparte una amplísima mayoría de los ciudadanos españoles. Especialmente quienes se sienten en mayor o menor medida identificados con esa palabra tan multívoca. ¿Qué demonios tendrá que ver hacer hooliganismo político en la calle con ser más de izquierdas?

Desde la derecha, por otro lado, los análisis han variado dependiendo de las distintas percepciones existentes acerca de quién será el gran perjudicado electoral de la irrupción de este nuevo partido.

Como era de esperar hemos visto recepciones más calurosas desde aquellos puntos en los que se cree que, por ser en parte una escisión del PSOE, el nuevo partido restará apoyos a los socialistas en las generales fundamentalmente.

Desde los otros puntos, desde donde se piensa que el partido con Rosa Díez de cartel electoral capturará votos que de otro modo irían al PP, se apresuran a proclamar que el espacio electoral objetivo ya está bien cubierto por los populares, tan progresistas ellos.

También están quienes, como Edurne Uriarte, con dolo o culpa grave confunden la distancia que pueda haber hoy entre la Plataforma Pro y Ciudadanos.

Se avecinan dos meses críticos para intentar que la tan anhelada tercera vía española pueda forjarse con toda la fuerza que podamos darle quienes verdaderamente creemos en ella. Nadie lo hará por nosotros.

jueves, 30 de agosto de 2007

Boadella y Espada ofrecen su colaboración a Basta Ya y apuestan por su alianza con C's para las generales

Noticia completa publicada en hispanidad.com

El dramaturgo Albert Boadella y el periodista Arcadi Espada, fundadores de la plataforma que dio lugar a Ciutadans (C's), ofrecieron hoy su colaboración a Basta Ya y apostaron por su alianza con C's de cara a las próximas elecciones generales.

En declaraciones a Europa Press, Boadella vio "fantástico" que Rosa Díez haya abandonado el PSOE para liderar el proyecto de Basta Ya, "que forma parte de la estructura que comenzó C's".

Aunque dejó claro que todavía es muy pronto para opinar, Boadella ofreció su ayuda al futuro partido, que le interesa desde el punto de vista "cívico", ya que no es político de oficio, sino artista, subrayó.

TIENEN QUE IR JUNTOS, SINO SERIA UN ERROR

Respecto a una posible alianza entre C's y Basta Ya para las elecciones generales, Boadella insistió en que "tienen que ir juntos", pues, en caso contrario, sería un "error" y un "despropósito". El dramaturgo argumentó que Basta Ya es "consecuencia del modelo de C's" y, en el fondo, "forman parte de las mismas cosas".

Por su parte, Arcadi Espada describió la intención de Rosa Díez de convertir Basta Ya en partido como "una culminación fantástica y exitosa del proyecto de Ciutadans".

Espada explicó a Europa Press que el lugar de residencia de los fundadores y la "preocupación esencial por la coyuntura catalana" redujo el ámbito de acción de C's a Catalunya, pero el partido nació como un "proyecto español".

Aunque no como político, Espada se ofreció para dar su apoyo a Basta Ya, pues en la plataforma participan personas de gran "valor moral" como Fernando Savater, Carlos Martínez Gorriarán y la misma Rosa Díez.

En cuanto a la alianza con C's para las elecciones a las Cortes, aseguró que no concibe otra posibilidad que la de la unión y recordó que las declaraciones del presidente de Ciutadans, Albert Rivera, siempre han sido en ese sentido.

lunes, 30 de julio de 2007

Nadie dijo que fuera fácil

Escribía Jonathan Freedland –columnista del diario The Guardian- una muy interesante tribuna en el diario El Mundo hace escasa fechas.

Reseñando un libro publicado en los Estados Unidos -The Political Brain, de Drew Westen-, Freedland se animaba a hacer una serie de recomendaciones –bien intencionadas, asume uno, dada la conocida querencia del diario The Guardian hacia el Partido Laborista- al flamante nuevo primer ministro británico, Gordon Brown, de cara a las próximas elecciones legislativas en las islas.

Decía Freedland, basándose en las enseñanzas de Westen –profesor de psicología y psiquiatría especializado en el análisis de los procesos cognitivos por los que las personas absorben información-, que un candidato exitoso no puede limitarse a controlar datos y a acertar en todas las cuestiones estratégicas.

Los diversos estudios llevados a cabo por Westen y su equipo habrían demostrado, a través de experimentos claros y repetibles, que “el cerebro político es un cerebro emocional”.

Al parecer cuando los políticos hablan, en términos generales, estimulan una red neuronal de asociaciones –positivas y negativas- que se deben más a las emociones que a la razón. Esto puede parecer muy obvio, pero –siempre de acuerdo con Freedland- todo indica que los demócratas estadounidenses, a diferencia de los republicanos, no lo habrían comprendido aún.

Partidos como el PP, IU o antes el CDS, añado yo desde una perspectiva española, tampoco. Otros sí, con mención de honor, por supuesto, a la cohorte de partidos nacionalistas y caciquiles de diverso pelaje. En último lugar, en la confección de esta peculiar tabla de honor, creo que correspondería dar un accesit de quita y pon al PSOE dependiendo de la legislatura considerada.

El reto para un partido naciente, como Ciudadanos, consiste en lograr la presentación de la esencia de su mensaje -no de otro distinto, más populista-, de un modo que consiga despertar esas emociones. Tal y como titula Freedland, nadie dijo que fuera fácil.

Jacobo Elosua

viernes, 20 de julio de 2007

LIBERTAD Y REBELIÓN CÍVICA


Frecuentemente se discute sobre los “excesos autonómicos”. Como solución, se habla mucho de “re-nacionalizar” competencias, o sea de devolvérselas al Estado, pero rara vez se cita la ampliación de las libertades, es decir, sustraer estas competencias a las comunidades autónomas pero no para devolvérselas al Estado, sino a la sociedad.

Tomemos el ejemplo de la educación, uno de los más citados. ¿Por qué prohibir la existencia de liceos españoles en Cataluña, en competencia real (es decir gratuitos) con los de la Generalitat? En general ¿por qué ha de tener el Gobierno, de cualquier nivel, la facultad de reglamentar la educación con tan excesivo detalle, de convertirla, incluso, en correa de transmisión de una ideología determinada?

Aún con mayor generalidad ¿por qué no se zanja la discusión sobre si la facultad de prohibir algo corresponde al gobierno central o autonómico estableciendo que ni uno ni otro puedan prohibirlo?

La respuesta evidente es que detrás de cada prohibición hay un grupo de intereses beneficiario y que este grupo favorecerá a la élite política central o autonómica capaz de mantenerla.

Es vano esperar una reforma desde el interior de las élites políticas establecidas puesto que su propia supervivencia depende del apoyo de sus patrocinadores. ¿Podría CiU, por ejemplo, preconizar mayor libertad para el comercio minorista? ¿Podría el PP reclamar que los agricultores paguen el agua de acuerdo con los costes de producción? ¿Puede cualquier partido establecido defender el interés público a costa de los intereses de los grupos específicos que lo apoyan?

La conclusión no es que falle del régimen de partidos, sino que la erradicación de la corrupción y, en general, la regeneración política tiene que venir de la mano de nuevos partidos que sepan interpretar la rebelión cívica contra los dictados de la oligarquía.

Si tienen éxito, los nuevos partidos tenderán, antes o después, a ser capturados por intereses particulares pero, por el momento, es la hora de ese magma inconformista en el que se encuentran Ciudadanos, la Iniciativa Basta Ya y tantos otros.

Que este movimiento cívico tenga éxito en las próximas elecciones está todavía en nuestras manos.
Juan Manuel Ortega