miércoles, 17 de octubre de 2007

Fedra hoy

El mito de Fedra, llevado a escena recientemente en el madrileño Círculo de Bellas Artes, con un elenco de actores que incluía a la mismísima Ana Belén , se reproduce de un modo bastante fidedigno en las altas esferas político-mediáticas de la izquierda patria –si me permiten este último atrevimiento asociativo-.

Estaba Fedra bien casada con Teseo, habiendo dejado atrás un pasado bastante turbio -con abandono por parte de Teseo de su primera mujer incluido-, cuando, en un descuido viajero del héroe del Minotauro, la hija del rey de Creta cae perdidamente enamorada de Hipólito, su hijastro.

Fedra se encontró desgarrada entre dos lealtades, su matrimonio con un hombre al que admiraba profundamente, y su inconveniente atracción por el hijo de éste, el joven, casto y puro Hipólito.

Parece hallarse en parecida situación nuestro presidente del Gobierno. La guerra abierta entre Cebrián y Roures está poniendo a prueba viejas lealtades –también con un pasado repleto de claroscuros– entre el mayor grupo mediático y el partido político hegemónico a la izquierda del centro en España.

En el mito, Fedra cede a la tentación de su deseo, lo que, tras ser rechazadas sus pretensiones, desencadena una tormentosa sucesión de engaños y traiciones que termina con tres muertes: la física de Hipólito, la espiritual de un desquiciado Teseo, y la autoinfligida por la propia Fedra al contemplar el juguete roto fruto de sus incontrolables devaneos incestuosos.

A juzgar por lo acontecido en estos últimos meses, no parece que Jaume Roures –hombre fuerte de Imagina/Mediapro/La Sexta/Público– sea tan casto como el hijastro de Teseo. Tampoco parece que el respeto al padre ‘prisaico’ figure entre sus principios de acción.

La tragedia puede ser aquí mucho mayor para todos los interesados. Quizá, esta vez sí, el gran beneficiado sea esa pluralidad informativa tan cacareada por Rodríguez Zapatero cuando anunció la concesión de dos nuevas licencias televisivas en abierto. A juzgar por el principio de viraje editorial de los medios del Grupo Prisa, esta posibilidad se ha abierto por vez primera desde el acceso al poder del PSOE de Felipe González allá por 1982.

Jacobo Elosua

lunes, 15 de octubre de 2007

Satisfacción macroeconómica, descontento social

Publicado en Estrella digital

Luis de Velasco



Hemos leído estos días ataques a la política de comunicación del Gobierno reprochando, entre otras cosas, que no sabe comunicar sus logros en el terreno económico. La pregunta que cabe hacerse es si es que no ha comunicado bien o que lo que ocurre es que hay logros en esa política pero hay también pasivos importantes, pasivos que afectan y perjudican a una parte notable, incluso mayoritaria, de la población. Es decir, que no es tanto un problema del mensaje como del contenido. Hacerse esta pregunta en un momento en que el triunfalismo económico está a la orden del día puede parecer algo extemporáneo, incluso herético. Sin embargo, hay que hacérsela porque debajo de las luces hay muchas sombras.

Sería sectario no reconocer logros importantes como el crecimiento de la riqueza, la reducción de la inflación, el aumento del empleo, incluso el saneamiento presupuestario, así como otras medidas en el terreno social como el tema de la dependencia o el aumento de las pensiones. Lo primero es importante pues toda política económica y social seria y sostenible exige el respeto a los denominados equilibrios macroeconómicos. Lo segundo, lo denominado social, demanda, además de recursos, voluntad política.

Pero los pasivos también cuentan, y en nuestro caso están lastrando este modelo de crecimiento. Económicamente, la bajísima productividad y capacidad de competir de la empresa española, acompañada de un exceso de demanda que ha causado un desahorro privado creciente, explican el déficit exterior, en términos de PIB, el más alto de los países avanzados. Socialmente, hay acuerdo prácticamente unánime en que la sociedad española es mucho más injusta y desigual que una decena de años atrás. Empleo precario, tasa de paro todavía alta, inaccesibilidad de la vivienda, pensiones ridículas, salario mínimo insuficiente (la mitad por ejemplo que en Francia), el 58 por ciento de los asalariados (es decir, casi 11 millones de personas) percibiendo en el 2006 un salario bruto mensual inferior a 1.100 euros y uno de cada cinco asalariados ganando menos de 1.000 euros brutos al mes, participación decreciente de los salarios en el ingreso nacional, más de un cincuenta por ciento de las familias pasando apuros para llegar a fin de mes, cerca de ocho millones de personas en la pobreza absoluta o relativa. Son algunos, no todos, de los rasgos de la cara oculta de un “milagro” en el que la parte más destacada de los frutos del mismo, tanto en riqueza como en renta, va a un reducido porcentaje de la población donde están las remuneraciones millonarias, los blindajes astronómicos, las stock options, la corrupción urbanística, el tráfico de influencias, los artilugios para evadir los impuestos, mientras una parte notable de las capas medias, las que ingresan fundamentalmente por nómina, ven que el impuesto sobre la renta es cada vez más eso, un impuesto sobre las nóminas. Recordemos además el hecho de que un tercio de los billetes de 500 euros en circulación en toda la Unión Europea están en nuestro país, lo que demuestra el gran peso de la economía sumergida y de la ilegal. El aumento del gasto social (todavía muy por debajo del promedio de los países más avanzados) se hace no sobre una estructura de ingresos públicos progresiva sino cada vez más regresiva por el peso de ese impuesto de la renta así configurado y por el de los impuestos indirectos, regresivos por definición.

Pueden así coexistir y coexisten satisfacción macroeconómica e insatisfacción ciudadana. Así lo reflejan las encuestas, que permiten de esa manera que salga a la luz de vez en cuando, siquiera de esa manera impersonal y colectiva, esa insatisfacción como limitado e insuficiente contrapeso a la satisfacción de los beneficiados de este capitalismo financiero que aumenta las desigualdades y reduce las oportunidades. Ocurre además que esas capas de la población crecientemente marginadas del “éxito” y que no salen en los medios, se sienten más y más fuera del sistema, y eso se podría ir reflejando en su participación electoral. Puede que, salvando las distancias, el caso de EEUU sirva de ejemplo: allí la votación es, cada vez más, asunto de blancos y de clase media y alta. Digno de reflexión.
Luis de Velasco

domingo, 14 de octubre de 2007

CONTRADICTIO IN TÉRMINIS

Una de las batallas más importantes que está perdiendo el sentido común en esta nuestra nación y su política es la de las palabras. No son ya las derrotas sufridas frente al nacionalismo delincuente (¿Quién y qué define al “pueblo vasco”? ¿Quién ha dicho que la propuesta referendum de Ibarreche es “democrática”?¿Cuándo ha sido Cataluña “colonia”?,etc…) es que el mal se extiende rápidamente cual manipulación en ikastola.

Por ejemplo, hoy, podemos aprender que va a haber una ley de “Memoria Histórica”. Lo cual podría estar muy bien si no fuera porque la memoria, por esencia y definición, no puede ser histórica.

Veamos, en primer lugar, toda memoria es selectiva, como comprobamos en nuestra mente todos los días. Se ha quedado grabado lo que nos ha marcado, no lo que ha marcado a otros. Pero la Historia no es tal si no es omnicomprensiva, si no se vuelca sobre todos los aspectos de un episodio, de un acontecimiento, de un periodo. Primera contradicción.

En segundo lugar, la memoria , inherentemente, es subjetiva. Sea individual o colectiva, la memoria siempre es, por su propia naturaleza “de parte”. Nosotros, nuestras familias, nuestra peña, nuestra comunidad de vecinos, tenemos la memoria de lo que nos ha acontecido a nosotros, y con nuestros condicionantes mentales. Pero la Historia, la ciencia seria y no la propaganda que tanto utilizan los sistemas dictatoriales, tiene que tender a la máxima objetividad, a la neutralidad total. Segunda contradicción.

En tercer lugar, la memoria es arbitraria. No es únicamente que recordemos sólo una parte, que la recordemos “de” nuestra parte, por nuestra experiencia vivida intransferible, es que tambien la aplicamos “por” nuestra parte. Nuestra interpretación de lo que hemos vivido estará marcado por alegrías y dolores, por amores y rencores y nos hará tomar actitudes peculiares, no universalizables. En cambio la Historia debe deshacerse de toda interpretación sentimental, de todo parangón anímico para hacernos comprender mejor cómo hemos llegado hasta aquí ,y que colectivamente, aprendamos a construir mejor nuestro futuro. Tercera contradicción.

Los ejemplos sirven mucho: si mi padre me regañó un día con cachetes, yo no me acuerdo del motivo, yo sólo puedo saber lo que me dolió y como influyó en mi relación con él y esa anécdota influirá en la educación que le dé a mis hijos según haya interpretado yo aquello, ¿fue justo? ¿fue útil en mí? etc..Y todo eso no tiene nada que ver con lo que sociólogos y pedagogos deben estipular sobre el recto comportamiento de los padres.

Por lo tanto deduciríamos que mejor dejar a los historiadores investigar y contarnos la Historia global, y no a nuestra memoria. Eso sí, si se han atropellado aquí o acullá nuestros derechos, ábranse todas las vías, facilítese el acceso al resarcimiento individual de los atropellos. (Si mi padre es un maltratador, protéjame y compénseme el Estado, a mí, pero no haga una ley para decir como son todos los padres españoles).

Pero, ¡amigo! Con los políticos hemos topado. Habrán adivinado que en la “contradictio in terminis” de la memoria histórica quien se va a hacer gárgaras es la Historia. Tendremos una ley que sólo recordará una parte de lo acontecido en nuestro periodo más doloroso, que lo recordará según el subjetivismo de los políticos que la promocionan y que orientará a interpretaciones que favorezcan las demagogias de dichos políticos, y, de paso algún que otro patrimonio, porque siempre se podrá reclamar un edificio por aquí , unos fondos incautados por allá…que no sólo de Historia viven los partidos.

¿Es esta ley la que reclamaba ansiosa la mayoría de la nación? ¿Es lo que atañe de veras a la prosperidad y felicidad de los españoles de hoy? ¿Es la ley que va a vertebrar y cohesionar España? ¿Es una ley para los ciudadanos o para los políticos? Contestar a esto nos lleva a hablar del nivel moral de nuestros actuales dirigentes, solos o coaligados. Y eso, como decía R. Kipling, es otra historia.

Entique Calvet

lunes, 8 de octubre de 2007

Barcelona se mueve

Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía convocó en el día de ayer una manifestación, la primera desde su acceso al Parlament de Cataluña el pasado 1 de noviembre.

Bajo el lema “Por la Convivencia y el Respeto a las Instituciones Democráticas” miles de ciudadanos –entre dos y cuatro según la fuente- marcharon por Barcelona, haciendo patente que, mal que les pese, la calle no es un espacio de exclusivo control nacionalista.

Allí estaban, entre otros, el Foro de Ermua, la Asociación por la Tolerancia y numerosas personalidades, unas a título individual y otras en representación de diversos colectivos.

El manifiesto leído por el presidente del Foro de Ermua, Iñaki Ezquerra, incluía un párrafo más relevante hoy que nunca:

“Sin embargo, somos mayoría los que no nos resignamos a que de la amenaza surja la desesperanza. No permitiremos que la opresión totalitaria que quiere destruir nuestro marco de convivencia triunfe. No renunciaremos a la libertad por propia voluntad. Resistiremos. Los nacionalistas que pensaban que de la amenaza nacería la sumisión, se han equivocado. De la sociedad que quiere convivir en paz y libertad, ha surgido un movimiento de ciudadanos dispuestos a convertirse en un baluarte de la democracia. Para nosotros justicia, igualdad y libertad son algo más que palabras, son metas alcanzables dentro de nuestra Constitución, y no estamos dispuestos a renunciar a ellas.”

Ciudadanos llamó ayer a la defensa de las instituciones democráticas amenazadas. La inmensa mayoría de los ciudadanos españoles reclamamos el respeto hacia esas instituciones garantes de las libertades y derechos de todos, al tiempo que exigimos respeto desde esas mismas instituciones.

Quienes desde su atalaya en una institución agreden a otras igualmente democráticas –en grado de autoría o desde la mera complicidad-, al tiempo que, mofándose de la legalidad vigente, conculcan los derechos de los gobernados, tienen una doble responsabilidad.

Decía Marco Aurelio –citado también en el manifiesto- que la diferencia entre el esclavo y el ciudadano es que el primero está sometido a su amo y el segundo a las leyes. La diferencia entre estar sujeto al capricho o a la norma.

Tanto los dirigentes nacionalistas como el juez Garzón deberían echar mano de las Meditaciones del estoico emperador de origen bético. No me consta que su pasado teñido del ‘más rancio españolismo’ haya convertido su obra en sospechosa… aún.

domingo, 7 de octubre de 2007

CIUDADANOS, LUCIDEZ Y RESPONSABILIDAD

Una marca distintiva que caracteriza al partido Ciudadanos es la tremenda y dramática lucidez de sus componentes. Un rasgo admirable, véase porqué: los españoles padecen en este momento un mal social que, históricamente, se ha mostrado muy dañino y que se puede resumir en la frívola inconsciencia. Los ciudadanos españoles están asistiendo a un deterioro acelerado de sus libertades a escala nacional, de la calidad democrática de su sistema (¡Hasta hay quien se atreve, con malintencionada manipulación a tildar de democrático el secesionista y etnicista referendum de Ibarreche!), de los valores esenciales para la convivencia en paz. Peor aún, están asistiendo al establecimiento de unas bases sociales que, para todo historiador serio, abocan a un futuro de grandes traumas si no se pone remedio urgente, y eso, aunque el presente permita unos aceptables niveles de consumismo, probablemente por no demasiado tiempo.

Ante esta situación preocupante, se suelen concentrar con fruicción exclusiva en otros dramas sociales como el último debate del programa rosa o la angustia del partido del domingo, sirva esto como ejemplo de su total inconsciencia de la realidad política. Pero si el español medio no quiere o no puede preocuparse por lo esencial de su futuro y del de sus hijos, no se le puede achacar toda la culpa. Es muy difícil salirse de ese mundo de señuelos que las fuerzas políticas en el poder (y con único fin de mantenerlo) y las fuerzas económicas (siempre en el poder) fomentan, financian, manipulan y perfeccionan. Para que el sistema funcione, es menester tener abundante carne de cañón consumista y votante que no active su espíritu crítico, que no se preocupe, que sea muy súbdito y muy poco ciudadano. Es muy complicado, casi heroico, salirse de ese mundo “confortable”.

Unos pocos, aún demasiado pocos, españoles de todas las regiones, se dieron cuenta hace tiempo de la peligrosa dinámica en la que entraba España, y, en un momento dado, decidieron canalizar sus inquietudes y crear o engrosar las filas de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía. Esa lucidez activa es digna de la más profunda admiración y nos sentimos orgullosos de acompañarles en este viaje.
Y, claro, semejante clarividencia que obliga a una serie de Ciudadanos, generalmente provinientes de mundos totalmente ajenos a la política profesional, a tomar las riendas de su futuro, acarrea, como corolario inevitable, la virtud de la responsabilidad. Si uno busca, por encima de toda aspiración secundaria, enderezar el rumbo que ha de seguir la convivencia y la prosperidad del futuro, tiene que separar siempre el grano de la paja y saber ofrecer sacrificios responsablemente.

Por eso me enorgullecen también dos ejemplos recientes de la responsabilidad de Ciudadanos. En primer lugar es magnífica la actitud del Partido, contínuamente exigida por su Consejo General, de ejercer la mano tendida permanentemente al partido hermano (en ideología) UpyD. Más allá de desprecios recibidos y puntuales ataques verbales y escritos, nuestro Partido multiplica hasta el infinito las llamadas, los intentos de conciliación, los mensajes de acercamiento total e, incluso, de cariño. Sabemos, los Ciudadanos, que lo que está en juego es un proyecto de enderezamiento de la sociedad española y es lo único que importa. Por el proyecto es inimaginable aceptar que vayamos a las elecciones desunidos, y, por lo tanto, sacrificamos todo por ir juntos. Todo, claro está, menos nuestro ideario. Inevitable ejercicio de la responsabilidad. ¡Que se sepa siempre que si, al final, no se consiguiera acudir unidos a la cita electoral, (trágico panorama que no queremos ni barruntar) jamás la culpa habrá sido de Ciudadanos! Nos pueden pedir lo que quieran, todo a lo que aspiran, menos que renunciemos a nuestros ideales. Y se lo daremos.

En segundo lugar, el Partido acaba de hacer una llamada pública a los partidos nacionales y a los constitucionalistas para que admitan la gravedad del momento político y antepogan a cualquier afán de poder, a cualquier protagonismo interesado, a cualquier aspiración mezquina y personalista, la preocupación por el futuro de los ciudadanos y lleguen a grandes acuerdos nacionales, incluso a gobiernos de coalición. No es el momento ( se cita el ejemplo de Alemania, cuya situación es mucho menos dramática que la nuestra) de practicar el usual juego político como si no pasara nada. Es el momento de anteponer lo esencial a las diferencias de matiz. Es el momento de recuperar y salvar los valores esenciales de la ciudadanía de todos los españoles, y ante las agresiones letales de los independentistas (aunque se etiqueten de nacionalistas), opóngase la unión de todos los constitucionalistas en estos temas de Estado. Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía jugará el papel que las urnas le permitan y que el sentido de Estado de los partidos mayoritarios le permita; pero, en pleno ejercicio de la responsabilidad a la que le obligan sus ideales y su proyecto, promueve el papel y la acción de los partidos mayoritarios para que abanderen la recuperación del sentido común, de los valores comunes y de la libertad de todos los españoles, frente a las agresiones secesionistas. Nuestra responsabilidad máxima no es que Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía adquiera más poder, cosa que se dará sin duda; nuestra responsabilidad es impulsar a todos, especialmente a los que ya tienen el poder, a que lo usen urgentemente para recuperar los valores, los derechos y las libertades de la ciudadanía española. Ayudaremos con los sacrificios que hagan falta, como siempre.

Enrique Calvet

sábado, 6 de octubre de 2007

RTVE, Gobierno de España

No es asunto menor la apabullante pérdida de audiencia de la pública RTVE, por mucho que voceen en cada telediario que tienen más que el vecino. A base de repetir una mentira intentan convencerse entre sí unos mediocres discípulos de Goebbels. Es tan indecente como los festejos de los partidos políticos (nacionalistas y no nacionalistas) tras el éxito de participación del 32% en las últimas elecciones catalanas y del 28% en las andaluzas: no se
avergonzaron. Todos ganaron, menos los ciudadanos.

Mezclo las cosas porque al final confluyen: poder, reparto de prebendas y aniquilación del sistema para el negocio de la reconstrucción. Como en Irak, pero sin bombas y, quizá, sin reconstrucción porque ya no habrá qué.

RTVE era una empresa pública mal gestionada por bastantes desaprensivos, que, a pesar de todo, creaba buenos productos y formaba excelentes profesionales. Cumplía alguno de los fines que tenía encomendados como servicio público esencial. Es más, aunque fuera nominalmente, servía raspando a uno de los preceptos constitucionales, el de “elemento vertebrador” del Estado.

Llegó una amiga de la pandi, Caffarel, y, con su sarcástico “Plan de Creación de Empleo”, empezó a despedir a más de 4.000 trabajadores en madurez productiva. Qué esperar de alguien que disuadía de estudiar Ciencias de la Información por ser profesión de poca enjundia y peor futuro, cuando decana de la materia. Nuestro impagable Presidente Rodríguez, como siempre bien de cintura para escurrir el bulto, salió al quite asegurando que el ahorro en gastos de personal iría destinado a Cultura (véase prensa del momento). Y se quedó tan contento. ¡Total…! en cinco minutos le enseñan un poco de cuentas del Estado y
nadie va a reparar en una nimiedad. Además, quienes leen los programas electorales suelen estar en frenopáticos.

Para dar otro capotazo de salón, llamó a otro de los chicos de la pandi, Fernández -que caía muy bien a casi todos los empleados políticos y sindicales-, para que tomara el relevo y poder premiar a Caffarel con un sueldecito en el Instituto Cervantes, tan servicial ella.

Ahora, con unos cuantos miles de empleados menos y con mileuristas de reemplazo (¿no sobraba gente?), resulta que Fernández necesita 60 millones de euros más sólo para pagar la nómina de la estéril RTVE (Mejor no recordar sus justificaciones para evitar tentaciones de insultar). No se si será el Presidente Rodríguez quien deba hacerlo, pero alguien tiene que explicar cómo se cuadran esas cuentas. ¿Será que han subido mucho o muchísimo los sueldos de los directivos? A pesar de que los miembros del inoperante, servil o mudo (cabría exigirles que hablasen) Consejo de Administración ganen 120.000 por año y de que se hayan subido hasta el escalofrío los sueldos de varias ‘estrellas’ (?) mediáticas, ¿tendrá algo que ver la negativa de Fernández y secuaces a informar de lo que cobran las decenas de directivos contratados?

Y hablando del Consejo de Administración de RTVE, sería curioso saber qué pinta ahí un consejero de la soberanista ERC cobrando del Estado opresor y cuál es su sentido de la ética al admitir el pago de Roma. No es que importe mucho que, además, se le paguen viajes
y dietas a festivales de cine junto a su asesor personal y antiguo director de producción de sus infumables pelis, pero sí importa saber si va a recomendar que se compre cine nacionalista, que tanto aporta a la educación para la ciudadanía, o si se inclinará por la corriente al uso de que los amigos son para las ocasiones y hoy por ti y mañana por mí. Debe de ser ese el ‘elemento vertebrador’ estatutario. Del clan, claro.

Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias y, por tanto, hay que despejar los malos presagios cuando Fernández, tan profesional él, dice que se aprobó unánimemente el cambio de sede de RTVE, aunque los consejeros de administración no se hayan enterado aún. Si éstos se escandalizan y no denuncian será que no es para tanto, ni importa demasiado que el designado para gestionar ese traslado multimillonario hubiera salido por la puerta falsa de Instituciones Penitenciarias, ni el caciquismo es tan malo como dicen.

Otra muestra del tipo de ética y eficacia que se aplica en RTVE es el contrato firmado por el actual director de TVE, Pons, con la productora externa El Terrat para una de esas series de éxito nulo y coste monumental que tanto abundan (‘Por fin has llegado’), productora de la que él procede y una de cuyas mandamasas es su santa esposa. ¡Total, todo es relativo y depende de cómo se interpreten las audiencias!

Lo que no acabo de entender es por qué, con tanta desfachatez e impudicia electoralistas, en la publicidad institucional, no dicen “RTVE, Gobierno de España”. ¿Quizá, por no asociar náusea con gobierno? ¿O porque en Cultura siguen esperando el dinero prometido por el
desmantelamiento de RTVE? ¿O tal vez para que no se mosquee el elemento de ERC y le complique el malabarismo del ‘tripartit’? ¿…O por los sindicatos-florero, también consejeros de administración, que podrían sentirse molestos? Apuesto a que es por las audiencias, que luego las tergiversa el enemigo. Todos ganan, menos los de siempre.


Alfredo Gabrielli
Periodista
Ex empleado de RTVE
Militante de Ciudadanos Partido de la Ciudadanía.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Un Presupuesto residual para un Estado residual

Publicado en Estrella Digital
Luis de Velasco

El Presupuesto general del Estado tiene cada vez menos importancia en el total de las Administraciones Públicas, hoy ya aproximadamente un tercio. Es el resultado obligado del creciente y nunca finalizado proceso de descentralización política y económica, el Estado de las Autonomías, que va camino de dejar un Estado residual, con dificultades crecientes para políticas económicas y sociales coherentes y equitativas. El balance positivo de ese proceso autonómico se convierte en negativo a partir de su total revisión, que se inicia con el nuevo Estatuto de Cataluña al que, imparablemente, siguen otros, aumentando paralelamente el nivel de presiones y exigencias nacionalistas y de los “asimilados”. Todo ello tiene su reflejo, negativo, en el papel central que en todo Estado desempeña el principal instrumento de política económica y social como es el presupuesto anual.

A lo largo de los últimos días y como resultado de las coaliciones del Gobierno del PSOE, se ha asistido a una reprobable ceremonia de chalaneo político y económico con aspectos escasamente serios. Lo más grave es, concretamente en lo relativo a las inversiones públicas, que el sistema de negociación y acuerdo multilateral, como es el Consejo de Política Fiscal y Financiera, ha sido reemplazado por la negociación bilateral con el resultado de reales o pretendidos agravios comparativos y la esperada dificultad para armonizar la cifra final por esos acuerdos bilaterales, iniciados con el alcanzado con la Generalitat. Además, esto crea precedentes de los que las Autonomías parten siempre en su siguiente nivel de exigencias.

El sistema tributario vigente, del que participa este Presupuesto 2008, sigue caracterizándose por su creciente regresividad e inequidad. El peso de los impuestos indirectos es cada vez mayor y en la imposición directa, el principal impuesto, el de la renta sobre las personas físicas, es cada vez más un impuesto sobre las nóminas. No cabe hablar, como hace el Gobierno, de política redistributiva y social contemplando sólo el gasto público, es decir, sin tener en cuenta esa injusta característica citada del ingreso público. En realidad, la redistribución es entre las rentas medias y las bajas, con las altas apenas gravadas.

El Gobierno sigue adjudicándose medallas por su continuada política de superávit público. Olvida algo clave, y es que el saldo final de un presupuesto no es un fin sino un medio, un instrumento para determinadas opciones políticas. En un país como el nuestro, en el que el gasto de protección social sigue varios puntos por debajo del promedio de la OCDE, en el que hay grandes carencias en infraestructuras, en educación, en sanidad, en investigación y desarrollo, por citar sólo algunas, alardear de superávit en las cuentas públicas tiene escaso sentido. Más cuando el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea admite hasta un déficit público del 3 por ciento del PIB. Ser más papistas que el Papa es un error con altos costes.

En este Presupuesto 2008, el Gobierno insiste en la misma opción de superávit. Falta saber si se alcanzará, porque la economía ha entrado en una fase de menor crecimiento (las previsiones del cuadro macroeconómico que acompañan este presupuesto parecen muy optimistas), que supondrá menores ingresos públicos y demandará un aumento del gasto.
Luis de Velasco