martes, 10 de abril de 2007

¿Qué dos mitades?



En un artículo de opinión, aparecido en la edición de El País del pasado viernes, el economista Ignacio Muro delineaba una novedosa teoría sobre las claves para entender el momento político español actual.

Argüía Muro, que la ‘batalla’ se está produciendo entre un supuesto “leninismo de derechas” y lo que el denomina como “liberalismo de izquierdas”. Estas dos corrientes estarían siendo defendidas desde los dos partidos políticos que dominan el arco parlamentario, PP y PSOE.

Según esta tesis, a imagen y semejanza de lo acontecido en el seno del Partido Republicano estadounidense, en el PP se aglutinarían en una entente lo suficientemente cordiale posiciones cristianas más o menos radicales con las propias del liberalismo conservador, todo envuelto en un sugerente envoltorio: lograr el poder, siendo a este logro al que se subordinarían todas las demás cuestiones. Se non é vero é ben trovato, podría pensarse.

Pero donde la teoría de Muro hace incuestionables aguas, es en su síntesis de la dinámica observada en el PSOE de ZP. El autor del artículo pretende asimilar las posiciones del actual gobierno con las propias de unos políticos ingenuos que pretenden mejorar la calidad democrática por encima de cuestiones de conservación del poder. ¡Qué lastima que realidades tales como los continuos acuerdos con nacionalistas catalanes y vascos, el nombramiento de ministros con las trayectorias de Rubalcaba o Bermejo, o la concesión de dos licencias de TV en abierto a grupos de comunicación afines, ensombrezcan tan desconsideradamente el argumento!

En cuanto a comprender claves, me quedo con el señor Jon Juaristi (recurriendo a Gramsci). Cito de su último artículo: “Una política totalitaria tiende a 1) que los miembros de un partido determinado encuentren sólo en este partido todas las satisfacciones que antes encontraban en una multiplicidad de organizaciones; es decir, a romper todos los vínculos con organismos culturales ajenos; 2) a destruir todas las demás organizaciones o a incorporarlas a un sistema en el cual el partido sea el único regulador”. Tendencias que, como bien señala el intelectual vasco, afectan hoy, en mayor o menor grado, a todos los partidos que pueden ofrecer empleo a una alta proporción de su militancia.

La clave, señores, sigue estando en el sectarismo. Un sectarismo del que el señor Muro no parece estar en absoluto libre.

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