sábado, 26 de mayo de 2007

Una campaña mas


Hace escasos minutos se cerraba la campaña electoral de las elecciones municipales y autonómicas de 2007.

Todas las campañas tienen sus momentos estelares. La presente ha sido una campaña distinta, o tal vez parecida a todas. Dependerá con el cristal con que se mire para verla de un modo u otro.

Durante estos días hemos tenido como protagonistas destacados al señor Fiscal General del Estado y con él las listas de ANV. Al señor Conde Pumpido y el apoyo explicito de la ilegalizada Batasuna a las listas de Acción Nacionalista Vasca. Donde dijo digo, digo Diego. Se repite la historia del PCTV.

También ha sido protagonista el candidato socialista al Ayuntamiento de Madrid. Su golpe de efecto no ha sido una magnifica propuesta programática para la ciudad. Sebastián saco una foto de una implicada en el caso que investiga la corrupción en Marbella en un debate televisado . El tiro le salió por la culata, al día siguiente se vio obligado a rectificar.

Otro papel estelar lo ha ocupado el Secretario de Organización del Psoe, quien a diario ha puesto sobre la mesa lo mas rancio y zafio de las relaciones humanas. Deplorable.

Aznar también ha hecho campaña y como nos tiene acostumbrados ultimamanete, no sabemos a quién favorece, si a su partido o a los demás. El ex presidente saco para no variar la guerra civil. Luego dijo que no y, medio Pp salió a apoyar esta tesis de la honestidad de las palabras de este señor amigo de George. Luego dice que quien no vote popular da su voto a ETA. Esto es un desatino con mayúsculas.

Zapatero y Rajoy haciendo campaña para las generales. Pero sin aportar nada nuevo, con los mismos discursos de hace tres años, el 11 M, Irak, la teoría de la conspiración, el Prestige. Todos temas manidos. Aún no se han realizado estos comicios y ya estamos en campaña a las elecciones generales.

En el lado del aire fresco de la novedad, Ciutadans – Ciudadanos. Con ideas nuevas y con una campaña llena de ingenio, de voluntarios y de buenas intenciones. Actos de campaña en la Córdoba del Honorable Montilla, Besos con lengua y boleros. Todos aciertos.

En el lado negativo han vuelto las agresiones, la interrupción de actos oficiales por parte de los que no aceptan dejar la violencia, las pintadas amenazantes en la casa de Albert Rivera, el hacer públicos los datos personales de los candidatos de Ciudadanos, entre otras tropelías. Pobre panorama que tenemos.

Por último ha irrumpido en campaña Savater. Anuncia un nuevo partido y que en octubre decidirá si se suma a Ciutadans. Hoy por lo pronto ha pedido el voto para este partido.

Alea iacta est, el domingo los ciudadanos deciden quienes nos representarán en Ayuntamientos y Parlamentos autonómicos. Yo confió en que vuelva a haber sorpresa en Cataluña y que además se sume la aparición de Ciudadanos en Alicante y Salamanca.

Hugo

viernes, 25 de mayo de 2007

Enanismo cultural

En un artículo cubriendo las inquietudes lectoras de los candidatos electorales –un clásico ya en los medios con anterioridad a las citas con las urnas-, la revista El Cultural recoge una amplia muestra de políticos entrevistados.

¿Conclusiones a extraer? Pocas y no especialmente esperanzadoras.

Un candidato del PSOE lee a Millás, ignorando las discretas críticas que ha recibido su “Laura y Julio”. Otro del PP se apunta al histriónico “Turistas del ideal”, donde Ignacio Vidal-Folch se mofa sin recato de un buen número de estandartes de la progresía iberoamericana.

Los candidatos autonómicos se apuntan mayormente a obras con una obvia ligazón a sus comunidades de origen. La valenciana, a lo publicado por una editorial de esa tierra. El vasco –como buen nacionalista de pura cepa-, centra sus neuronas en aprender sobre la saga de “Los cuatro Arrue. Artistas vascos.”

No falta quien demuestra, como el candidato del PP en la comunidad balear, una monolítica pasión por su oficio, con lecturas que profundizan en aspectos de la experiencia del hombre político.

Pero, donde se llega a las más altas cotas de un clamoroso enanismo cultural, es cuando candidatos municipales se las ven y se las desean para lanzar un mensaje en clave localista. Ocurre por ejemplo con la candidata popular a la alcaldía de Vigo, que destaca un libro de un autor canadiense –Robertson Davies, muy bueno por cierto-, para introducir la cuña de que la editorial que lo ha puesto en las librerías españolas es de origen vigués.

¿Será esto un testimonio más a la hegemonía de los asesores de imagen en la política moderna?

En un soplo de aire fresco, alegra leer que la candidata de Ciudadanos a la alcaldía de Barcelona, además del poco sorprendente mencionar a Savater, y supongo más libre que otros políticos de leer –o decir leer- lo que le apetece, menciona un libro pseudocómico alrededor de la psiquiatría: “Psicólogos, psiquiatras y otros enfermos”. A los libros, lo que es de los libros.

¡Que viva Verdi! (y cuarta parte)


España es un país que nunca ha valorado a aquellos que dieron su vida por ella, que se sacrificaron por una idea de Modernidad que, sin embargo, encontraba en la pasividad de los españoles, su subordinación al Poder y, sobre todo, en su resignación ante los abusos y las injusticias cotidianas de los poderosos, a su peor enemigo antes que el absolutismo de los Reyes, las injerencias de la Iglesia o los pronunciamientos del Ejército. ¿Quién se acuerda ya de Mariana Pineda y de la bandera liberal que bordó con su propia vida entregada al ‘garrote vil’ por haber pronunciado la palabra Libertad? ¿Quién se acuerda ya de los Héroes del 2 de Mayo a no ser porque en la plaza que lleva su nombre se celebra el ‘botellón’?. ¿Saben nuestros escolares que en la Plaza de la Lealtad están depositadas las cenizas de muchos de aquéllos? ¿saben que en París hay una placa que conmemora la aportación de los republicanos españoles a la liberación de Francia en la Segunda Guerra Mundial y aquí no hay ninguna?. Restablezcamos, entonces, los auténticos símbolos comunes si queremos crear Nación, sin miedo, sin complejos, antes bien, orgullosos de ser españoles.

Arnaldo Santos

jueves, 24 de mayo de 2007

¡Que viva Verdi! (tercera parte)


III. El problema de España

En resumidas cuentas, la atonía de nuestra conciencia nacional es la verdadera causa y no los nacionalismos; no queramos eludir la cuestión fundamental echándole la culpa a otros como hacen los niños: los nacionalistas se aprovechan, simple y llanamente, de la situación, de nuestra falta de conciencia política, de nuestro desprecio por la Historia común, por las reflexiones enojosas y difíciles que nos obligarían a mirarnos la cara en el espejo de la ilustración. No, no nos engañemos más, aquí el problema es que el rey Ulises lleva tanto tiempo ausente que, como es lógico y natural, lo raro sería que a Penélope no le saliesen pretendientes: por eso, el Estado se ve acosado por todas partes y va disolviéndose como un azucarillo en la taza del ‘café para todos’. Por eso, nuestros símbolos no funcionan, porque no suscitan un sentimiento de encuentro común, porque nunca nos representan a todos, sólo a una parte, se saque la bicolor, la tricolor, la cuatribarrada, la bicrucífera, etc,… porque no hay una letra compartida que todos, como en Francia, a izquierda o a derecha, al norte o al sur, podamos cantar sin miedo, sin complejos, con el orgullo de sentirnos españoles.

Así que se trata, como hemos visto, de revitalizar nuestros ‘mitos nacionales’ o ‘fundacionales’, es decir, la Guerra de independencia como inicio de la España constitucional frente al Antiguo Régimen y frente a la invasión napoleónica. Aquí habrá personas que nos señalen la contradicción de que semejante ‘fundación’ del Estado moderno implique el rechazo de Francia, pero es que –como estamos viendo en la Guerra de Irak- el progreso, las ideas democráticas, la libertad- no pueden venir de la mano de una guerra de agresión y conquista: eso es lo verdaderamente contradictorio; la Modernidad en España no podía venir porque Napoleón nos impusiese ‘su’ modelo de desarrollo, sino que sólo viene cuando un Pueblo asume su destino –por muy atrasado que esté- fuera de tutelas, por muy bienintencionadas que éstas sean. Al final, Napoleón y los afrancesados tan sólo querían repetir el mismo error de los Borbones extranjeros que desembarcaron en España a la muerte de Carlos II, sembrando igualmente la guerra, el enfrentamiento cainita y el atraso secular, como lo hiciera en su día el Rey Carlos I cuando heredó la corona de los Reyes Católicos:

1. En primer lugar, el error de creer que hacía falta que el impulso ‘modernizador’ viniese no de la sociedad –de la cual se desconfiaba profundamente- sino del Poder absoluto del Estado representado por la Monarquía borbónica que luego heredaría Napoleón: aquí comienza la deriva definitiva de España hacia una idea de Nación copiada de Francia y cuyos orígenes están en el Derecho romano, es decir, en la misma idea compartida entre los absolutistas franceses y castellanos de que el Derecho emanaba de la voluntad absoluta del Soberano encarnado en el Estado, de ahí la celebérrima frase del Rey Sol ‘el Estado soy yo’. Esta es la idea que recogerán los Liberales españoles, sólo que haciendo compartir ese Poder entre las Cortes y el Rey, a modo de pacto entre dos entes cosoberanos.

2. En segundo lugar, la anulación completa de la iniciativa de las bases –la Sociedad civil española- sustituyéndola por un tejido administrativo, jerárquico, burocrático y centralizado al modo de lo realizado en Francia desde los Borbones y perfeccionado, después, por la Revolución y Napoleón: en este sentido, cobra especial significación frente al ‘modelo’ francés el de la Inglaterra liberal y sus ‘revoluciones’ del siglo XVII; y frente al ‘modelo’ castellano, centralista, el correspondiente a la Corona de Aragón que ahora quiere capitalizar el nacionalismo catalán cuando, paradójicamente, pretende hacer en su propio territorio un Estado igualmente centralizado y burocrático, marcado por la intervención económica y un concepto de identidad cultural copiado, por completo, de la tradición histórico-política de Francia.

3. En definitiva, la Monarquía en España, lo queramos o no, simboliza perfectamente esos dos errores que nos han conducido a la atonía por la preeminencia del Estado centralista y la profunda desconfianza hacia la Sociedad civil; por eso, los contrasímbolos de los ciudadanos tienen que ser aquellos ‘mitos’ que hablan de la lucha contra el absolutismo, tanto español como francés, simbolizado por los Austrias, los Borbones y Napoleón: me refiero a los Comuneros de Castilla, a la Guerra de independencia y a la Revolución de 1868; así como, en especial a un personaje femenino que resume a la perfección todo esto: Mariana Pineda que confeccionó una bandera liberal por la cual acabaría pagando con su propia vida a manos de los verdugos de Fernando VII.

(continuará)

Arnaldo Santos

miércoles, 23 de mayo de 2007

Savater


En la radio, temprano, un intelectual y un periodista a los que respeto se meten con Fernando Savater. Lo del nuevo pseudo partido es, como comprenderán, un asunto delicado en el lugar en el que estamos ahora mismo; y doctores tiene la Iglesia. Pero pronto se olvidan de eso y pasan a él y en concreto a dos de sus más recientes artículos. El censurado Casa Tomada –“flojito”, dicen- y el último que sí publica su diario habitual, Indios y sociólogos , que también es desmerecido con el mismo adjetivo.

Hay ciertos monopolios cuya ruptura molesta al titular: así, durante mucho tiempo y aún hoy, el de la izquierda con la calle (y con la cultura, y la sensibilidad y la bondad…….). El de la crítica al Gobierno ZP queda pulverizado con los dos escritos del escritor donostiarra. En el que pasó el corte, con su ajuste de cuentas a la estupidez de que los batasunos, pobres, no tienen qué papeleta llevarse a la urna. Y en el censurado por su brillante y valiente defensa de la Ley de Partidos como norma ejemplar de un Estado de Derecho, a la que defiende de absurdos reproches: “Hombre, muchas leyes limitan derechos pero siempre los de quienes los utilizan para lesionar o impedir el ejercicio de los de otros.”.

También por el civismo ejemplar de un párrafo así: “…conviene recordar en su honor (el de María San Gil) y en el de su partido que cualquier concejal del PP en el País Vasco ha hecho más por la defensa de las libertades constitucionales de ustedes y mías que todos los intelectuales abajofirmantes que luchan contra la derechización del mundo desde sus cómodos negocios artísticos o académicos”. O por su precisión al subrayar los agravios-o bochornos- comparativos: “¿se imaginan lo que sería saber que cientos de empresas, comercios, restaurantes, profesionales están pagando mensualmente cantidades importantes a Al Qaida pero que nada puede intentarse penalmente contra ellos porque bastante sufren ya los pobrecillos?”.

Más adelante recuerdan otras actuaciones de Savater en el inicio de legislatura, como la del supuesto comité de sabios de RTVE-aquí sí que coincido en que no estuvo fino- o la entrevista con Zapatero y amigos y sus declaraciones posteriores sobre la supuesta voluntad de ETA de abandonar las armas. Precisamente del que se ha visto ungido por las mieles de palacio es siempre más difícil esperar una crítica; pero, aquí también, Savater es excepción.

Julio Veiga

martes, 22 de mayo de 2007

El izquierdista errante


La aceptación de Bernard Kouchner para convertirse en nuevo ministro de Exteriores del gobierno encabezado por Nicolas Sarkozy ha levantado auténticas ampollas en el seno de la izquierda francesa.

Ha sucedido antes: ‘deserciones’ de declarados izquierdistas para integrarse en gobiernos de un cariz político bien alejado de los postulados tradicionales de esa cosa –la izquierda- que tantos se empeñan en seguir proclamando como cargada de vigencia.

Pero esta vez no estamos hablando de un izquierdista cualquiera. Bernard Kouchner es –al menos lo era hasta desencadenar la cadena de improperios y descalificaciones que han acompañado su aceptación desde la gauche - de las pocas figuras auténticamente indiscutibles en el país galo.

Y es que quien fue cofundador de Médecins sans frontières allá por 1971 se ha distinguido por una carrera profesional de absoluta dedicación a la ayuda humanitaria. Esta realidad hace que todo el estiércol que se le está arrojando a Kouchner –arribista, egocéntrico y otras lindezas- tenga grandes dificultades a la hora de lograr ensuciar su imagen ante la opinión pública.

Con Félix de Azúa, tras esta noticia habría que concluir que: “No es extraño que, para algunos hombres de acción, como Kouchner, lo significativo no sea ya la izquierda y la derecha, sino la posibilidad real de hacer algo que valga la pena”.

Y no sólo hombres de acción, añado yo. Creo que en la esfera política estamos ‘condenados’ a encontrar muchas más instancias en las que hombres con ideas y auténticos proyectos supediten la posible puesta en marcha de éstos al ser vilipendiados por haber traicionado abstractas ideologías que, una vez reducidas a su núcleo duro, frecuentemente esconden poco más que camarillas embadurnadas de grandilocuente mediocridad.

Jacobo Elosua

lunes, 21 de mayo de 2007

¡Que viva Verdi! (segunda parte)


II El problema de España.

No es de extrañar que esta falta de fuerza y capacidad histórico-nacional de España se patentice en el momento en que suena el mal llamado ‘himno nacional’ el cual, al no tener letra, impide que pueda ser cantado como hacen los demás nacionales con sus propios himnos: un himno sin letra no es un himno, es tan sólo una música sin propósito, un acompañamiento en un camino a ninguna parte que apenas nos une por un sonido que no va acompañado con palabras, ni con la voz humana de los compatriotas sin la cual ni siquiera nos reconocemos como humanos. Esta carencia simbólica no es puramente anecdótica, representa la falta de un ‘alma nacional’ consolidada y definida en la pluralidad y la diversidad; por eso, cuando se habla de la diversidad plural de España, en los discursos oficiales, olvidamos pronto que no hay pluralidad ni diversidad sin unidad e identidad común. Y esto es así porque no hay un ‘suelo’ en donde nos encontremos, un espacio en el cual converjan las personas:

1. Por una parte, del mismo modo que el himno no tiene letra, España no se asienta sobre un suelo propio, más bien el espacio común desaparece porque sólo es el punto desde el que se mide la divergencia centrífuga del proceso de disolución territorial que padecemos: de este modo, no hay espacio público, sino una tierra de nadie que carece de entidad propia y cuyo reflejo, el Estado español, es como un mojón en medio de la piel de toro al que cada jinete ata su caballo antes de meterse en su casa, cerrando la puerta tras de sí.

2. Asimismo, ese espacio común que es el ‘suelo público’ como lugar de encuentro, de convergencia, es una ‘tierra de nadie’: lo vemos en la suciedad de las calles, en el desprecio a los ríos, a los montes, al litoral; lo vemos en la depredación urbanística, en el descaro con que se ocupa y se construye sin importar lo que se destruye a cambio de beneficios inmediatos. Ese suelo o espacio común es como la tierra de explotación de una industria o empresa que llega, explota, consume, agota y se va dejando un rastro de desolación.

3. Por lo que, en una situación así, ¿cómo va a haber ‘conciencia de lo público’ si, como parece, los propios españoles no lo sienten como propio y, más bien, lo asumen como un vertedero donde se arrojan los papeles, los desperdicios, la basura del día a día, sin mirar atrás?. Y no miramos atrás porque no nos interesa la Historia, porque no nos interesa aprender de nuestros errores, tan sólo ‘olvidar’, que es el único mérito de la Transición: sin Historia asumida y compartida, no nos engañemos, no puede haber Nación.

4. Por eso no nos importó conceder a los nacionalismos el control de la enseñanza y la cultura en sus respectivos ‘dominios feudales’, porque somos un país que no cree en -ni le preocupa- la enseñanza pública, ni la conservación de los monumentos, es decir, aquella cultura que no sea el folclore de las fiestas locales y las vacaciones que ponen en marcha las riadas de coches: no es de extrañar que otros ocupen el lugar que nosotros hemos dejado, que otros se aprovechen de nuestro interesado ‘olvido’ de nosotros mismos.

(Continuará)

Arnaldo Santos