miércoles, 30 de enero de 2008

De comedias y venganzas

Bajan las aguas más calmadas por la calle Génova. Nadie se acuerda ya de Gallardón, dicen. Pizarro es un magnífico gestor; Pizarro es el valedor de los débiles; Pizarro es la generosidad del empresario que se dedica a la política sin tener por qué hacerlo… Pizarro, vaya, habría protagonizado un luctuoso eclipse total del otrora inasequible al desaliento alcalde madrileño.

No sé, no sé. Si yo estuviera en la piel del alcalde estaría releyendo apresuradamente la obra cumbre de Pedro Muñoz Seca: La venganza de Don Mendo.

Muñoz Seca recordemos, dio origen a un subgénero cómico, el astracán, que pretendía hacer reír a la audiencia a toda costa. Resulta difícil saber, por cierto, si ése es el género que sirve de fuente de inspiración a los actuales jerifaltes populares. La tentación es pensar que sí. Sobre todo cuando una de sus supuestas prioridades programáticas es proclamar ahora, urbi et orbe, que el modelo educativo catalán discrimina a los castellanohablantes. ¡Pero si es el mismo modelo que ellos apoyaron durante su intimísimo contubernio pujolista!, exclamaría Muñoz Seca, feliz de su hallazgo, si pudiese escribir la actualización de su obra estrenada hace ahora noventa años.

Quizá desempolvando los diálogos entre Don Mendo y su rival amoroso, el privado del Rey, Don Pero, podría servir el alcalde las siguientes cuestiones en plato frío al señor Pizarro: ¿Es justo considerar brillante la gestión de un Presidente que, tras varios años al mando, hace viable una OPA hostil lanzada gracias al renqueante valor de las acciones de su compañía? ¿Es correcto el paralelismo entre defender los intereses de unos accionistas, alineados en la búsqueda del mayor valor, con los de todos los españoles? ¿Va a resultar perjudicial para el patrimonio del señor Pizarro a medio y largo plazo esta incursión estelar en el mundo de la política?

Si sus respuestas también son negativas sabrán a qué me refiero. Bienvenidos los nuevos rostros a la política; aunque algunos no sean tan nuevos como podría parecerlo a primera vista. Y un último favor: que nadie se refiera al señor Pizarro como empresario. Dirigir una gran empresa no es lo mismo que montarla desde la nada. A cada cual lo suyo. Ni menos ni más.


 

Jacobo Elosua

1 comentario:

Anónimo dijo...

Vamos a ver, Jacobo. Tú planteas un juicio a Pizarro como empresario, pero luego dices que nadie se refiera a Pizarro como empresario. ¿En qué quedamos?

¿Y tienes idea de en qué se basa la gestión de una empresa eléctrica en España? Pues mira, se basa en sobrevivir entre el precio del KWh regulado por decreto, lo que hace del negocio algo completamente deficitario, la compra de kwh adquirida de productores que de normal serían también negocios deficitarios como los de las EERR, las sanciones por incumplimiento de contrato durísimas también para las grandes eléctricas, y lidiar con los intereses políticos locales que ponen todo tipo de traba en lo que pueda suponer un incremento en la calidad del servicio que es obligatorio. Difícil equilibrio, lidiar con todo eso y salir con éxito.

Pero claro, tú ni idea, crees que la electricidad se reduce a dar al interruptor y que se encienda la luz, y así vas directo a la demagogia barata.

Dices: "¿Es correcto el paralelismo entre defender los intereses de unos accionistas, alineados en la búsqueda del mayor valor, con los de todos los españoles?"

Paralelismo correctísimo si se hace, ¿no son los accionistas los propietarios de esa empresa y Pizarro gestor de su patrimonio? ¿No ofrece tampoco un servicio a sus clientes que ha de ser eficaz? ¿no se han beneficiado ellos también, los clientes, del beneficio de la empresa en la calidad de su servicio? Pues eso, Pizarro no sólo ha conseguido beneficiar a los propietarios de la empresa, sino que también a sus usuarios. Ahí están los índices de desconexiones no programadas, averías en lenguaje común, por si quieres consultarlos.

Pizarro ha demostrado ser un empresario brillante en lo único que podía hacerlo, que es en el asunto de la OPA y gestión del día a día de su empresa. Pero sobretodo ha demostrado ser un dirigente íntegro para lo que se le proponga, da confianza. Por eso, cualquier consideración que se haga en cuanto a su patrimonio es ridícula, porque algunos podríamos preguntarlo respecto al tuyo.